Aminta Ocampo

Bienvenido Futuro

Finalmente llegué hasta acá. Durante mucho tiempo estuve convencida de que no sucedería, incluso intenté evitarlo. A regañadientes entendí que era imposible detener la travesía, fue entonces que me propuse llegar de la manera más digna posible.

A nivel físico, cumplir con ese objetivo ha sido al mismo tiempo divertido, duro, cansado y hasta doloroso. El resultado son: quince kilos menos; canas y arrugas disimuladas cada vez con más dificultad; pero sobre todo la inmensamente gratificante posibilidad de mirarme al espejo o en una fotografía y reconocerme en ella e incluso aceptarme con un poco de orgullo. . Puff! Los que me conocen a profundidad saben lo tremendamente difícil que me es decir esto.

En lo emocional ha sido más lento, más doloroso y con resultados en los que todavía hay que trabajar. Y es que la auto estima y el amor propio son como la cintura, sin darte cuenta los pierdes y no sabes si fue por culpa de los hecho o de los años. La cosa es que simplemente un día amaneces y quien fuiste ya no está más ahí. Te sustituye un “yo” nada condescendiente que se fortalece con la decidía, la costumbre, con la depresión o con los miedos, un ser al que toma más de siete madrazos destronar.

Habrá un montón de ojos jóvenes que recorrerán estas letras sin tener la más guajira idea de lo que hablo. A ellos (Andrea, Eri, Yanel, medio Danone y ex Danoners) les pido que las lean con piedad y con cariño; les suplico que se mantengan así, sin la más remota idea, sin perderse nunca de si mismos y les agradezco con el alma que me permitan estar cerca y llamarlos amigos, a pesar de tener en medio tantas generaciones. Adoro llenarme de su energía joven y nueva, que sin duda me ha contagiado y cuál vampiro me ha nutrido y regresado, por lo menos en espíritu, algunos años valiosísimos.

Habrá otros ojos más maduros que a la mejor comparten un poco de lo que he experimentado y sentido con el paso del tiempo. A ellos sólo puedo decirles que cada quien tiene sus propios demonios y batallas, pero para nadie es fácil, ni cómodo. La buena notica es que algunas se ganan. En mi caso, en los últimos años, he aprendido a ver, en lo más profundo de ese reflejo irreconocible que me ofrece el espejo, a la misma Aminta que a los ocho me hacía sentir tan orgullosa. No digo que la he rescatado, sólo sé que está ahí y que incluso en las noches más calladas o en los últimos 5 minutos de una sesión de yoga, he podido oírla y abrazarla.

El punto es que finalmente estoy aquí, cumpliendo hoy todos estos años. Lo hago inmensamente feliz en la ciudad con la que soñaba de niña y al lado de Cesar mi hermano del alma, a quien simplemente adoro y le debo la primera gran sacudida, porque con su brutal sinceridad “amorosa” me enfrentó a la necesidad del cambio.

Llego hasta aquí con el corazón cargado de agradecimiento hacia Laura Moran que me salvó la vida; hacia Eduardo Alegre que con tanta pasión, complicidad y cariño me la cambió por completo. Hacia esas hermanas postizas que Dios ha puesto en tiempos distintos a lo largo de mi camino y que me han sostenido mil veces llenando de fraternidad cada época de mi existencia (Laura, Adriana, Silvia Pi, Malín, Poli, Lupita, Betty, Aranza, Tañi).

Llego bendiciendo al universo por la oportunidad que últimamente me ha ofrecido de sanar algunas viejas heridas, de eencontrarme con mi pasado, con los amigos de antaño y los que no lo fueron antes pero afortunadamente lo están siendo hoy.

Le doy gracias a Dios porque a pesar de mi sordera y me ceguera, a pesar de mis enojos contra Él y de mi comodina permanente insatisfacción, no ha parado de oírme y de cumplir entre contingencias y necesidades, cada una de mis peticiones y de mis sueños. El más bello de todos, que le da un hermoso color a mi existencia es el que en conjunto forman Marifer, Emiliano, Beto y Vader y que tanto me llena el corazón llamar “mi familia”.

En fin, finalmente llegué hasta aquí y me doy cuenta de que no se acabó el mundo. Por el contrario, no sé si es la borrachera, el ambiente de fiesta y celebración, pero hasta podría decir que apenas empieza la vida, que así sea. Bienvenido futuro.

Un día conocí a un gigante

A la edad de 4 años estaba convencida de que mi abuela guardaba un tesoro en su armario. Muchas veces la vi sigilosa, parada en un banco de puntitas, ocultándolo en el cajón más alto. Tenía que ser algo verdaderamente maravilloso para que pusiera tanto empeño en que nadie lo tocara. Algo tan impresionante que por nada del mundo me podía perder.

Un día aarmarioque estaba en la cocina, aproveché su distracción y utilizando las gavetas inferiores, escalé aquel mueble.

Por fin en lo más alto, pudiendo tocar el techo y orgullosa de mi cima conquistada, abrí el cajón y dejé que mi mano lo explorara. Entre hilos y botones había una cajita de metal medio oxidado, que algún día contuvo galletas. Recuerdo que logré destaparla, mientras el latir de mi corazón no me dejaba escuchar si alguien se acercaba.

La curiosidad creció cuando encontré dentro de la caja un intenso aroma a flores, como si hubieran encerrado ahí un jardín invisible y muchos frasquitos conteniendo líquidos
misteriosos ¿Para qué los querría mi abuelita? ¿Para que los usaba? ¿Por qué eran tan importantes que tenía que guardarlos en secreto? Deseosa de abrir alguno solté sin darme cuenta la mano que me detenía en lo alto y caí frasco_fosforecente1rompiéndome por primera vez la dignidad y la frente.

No sé si el golpe o la vergüenza borraron los detalles del regaño y de lo que ocurrió después; lo que no olvido es que mi llanto y mi respiración se detuvieron por completo en el instante mismo en el que entró un gigante al cuarto donde me curaban. No podía creerlo, mi abuela lo saludaba como si nada y dejaba que se acercara a mi con sus manos enormes y una sonrisa tan IMG_7203-2amable que poco a poco me hizo perderle el miedo.

Para aumentar mi sorpresa, aquel ser enorme sacó de una maleta tan pequeña que se veía ridícula en su mano gigantesca, unos frascos iguales a los que guardaba mi abuela. Con ellos hizo un menjurje que colocó en mi frente, desapareciendo mágicamente el dolor y permitiéndole hacer no se qué en mi herida.

El gigante se despidió de mi con un beso. Supe entonces con una enorme emoción que mi abuela era una hechicera y para no preocupar a mi mamá, decidí guardarle el secreto.

La Dra Susana Martínez Conde, investigadora de la Universidad de Arizona, plantea en su libro Los engaños de la mente una teoría interesante sobre las percepciones. Señalan que los sentidos (tacto, vista, gusto, oído, olfato) son un puente entre el mundo que nos rodea y nosotros. Dice que lo que vemos, olemos, sentimos, oímos, etc., viaja en el cerebro hasta un lugar formado por el tálamo, y la corteza cerebral donde están guardados memorias y experiencias anteriores; ahí se mezcla todo, como si fuera un estudio de cine y se crea una historia única y subjetiva. Una imagen personal, una interpretación del mundo.

A veces ese espacio cerebral a donde llegan los sentidos está tan cargado de nuestras propias experiencias, que lo percibido se aleja de más de la realidad.

Entre los adultos es fácil encontrar ejemplos. A veces, situaciones nada agradables donde una palabra, una mirada, una actitud de otro es mezclada en nuestro “estudio de cine cerebral” junto con algunas memorias, experiencias o contextos negativos y el resultado es una mala interpretación que ocasiona algún conflicto.

Lo malo es que esas percepciones se guardan y se suman a otras creando una cadena de malas interpretaciones que no hacen más que complicarnos la vida e incluso crearnos dolor.

Supongo que en el mundo de los niños, que tienen una memoria cerebral nuevecita, la mezcla de sentidos se alimenta más de ilusión y de fantasía. Eso debe haber pasado aquel día que me curó con árnica, mejorana, lavanda o algún otro ungüento, el doctor de la botica donde trabajó mi abuela y que por cierto era altísimo.

La Dra Martínez Conde dice que a veces hay que detenerse a observar un poco más lo que en realidad tenemos u ocurre frente a nosotros y replantear la percepción buscando la 3377e2d878cd534b6993457c6d9be848objetividad.

A mi me gustaría además aprender a ver,  percibir y a interpretar las cosas como lo hacía cuando era niña. Si pudiera ver cada situación desde mis ojos infantiles probablemente la vida sería más emocionante, más divertida, más digna de vivirse.

Cuando era pequeña el mundo estaba lleno de cosas asombrosas ¿Será que ha cambiado o lo he hecho yo?¿Hace cuánto tiempo no me asombro y descubro algo maravilloso?

Volver a ello implicará intentar dejar atrás prejuicios, ideas preconcebidas o por lo menos detectar que están ahí, cuando nos estamos formando una opinión.

Supongo requiere recordar que aburrirse es aburrido; desempolvar la imaginación para resetear nuestro banco de memoria e intentar ver cada cosa como si fuera la primera vez.

Nada fácil, pero tampoco nada nuevo. Finalmente alguna vez así vi las cosas, tengo una cicatriz en la frente que lo prueba.

Nunca voy a olvidar que conocí a un gigante, porque ese mismo día supe que mi abuelita Josefina era una hechicera, cuya magia le ha permitido seguir aquí a mi lado; cuidándome y haciéndome sentir, cuando más lo necesito y de maneras distintas, su inconmensurable amor.

La trágica historia de una Jacaranda

La amargura es una enfermedad tan invasiva que termina por romper lazos y fundir alegrías. Pero ¿Qué tiene que ver esto con una Jacaranda?

Hoy que mi ciudad se tiñe de morado y justo en un momento en el que me he sentido lastimada por el juicio de alguien más, me topé con una vieja historia argentina que les quiero compartir:

Cuenta una leyenda que en tiempos muy antiguos llegó un poderoso caballero español a tierras americanas junto con su hija, quien a sus 16 años poseía la atención de hombres y mujeres, que admiraban sus hermosos ojos color azul violeta. Un indígena de nombre Mbareté quedó de inmediato prendado de la joven. Suplicó al párroco de la Iglesia que le enseñara español para poder declararle su amor. Ella, se enamoró perdidamente de tal entereza, de su fortaleza y su atractiva piel marrón como la madera.

Llenos de pasión y sabiendo que el padre de la joven jamás permitiría esa unión, huyeron hacia una cabaña a la orilla de un río.jacaranda-01 

Ofendido, deshonrando, herido en el orgullo, pero sobre todo frustrado hasta los huesos por el más profundo y antiguo desamor, el padre de la joven buscó hasta encontrar aquel refugio. Dos flechas le bastaron para terminar desde lejos con la vida de ambos amantes.

Cuenta la leyenda que sin acercarse, simplemente los dejó yaciendo uno junto al otro, pero que abrumado por el remordimiento volvió al día siguiente a recoger el cuerpo de su hija encontrando en su lugar a Mbareté convertido en un imponente árbol cuyo tronco fuerte y marrón sostenía los inconfundibles ojos azul violeta de su hija, que sin importarle raza, economía, opinión alguna, florecían en plenitud, pintando cielo y tierra de amor.

Cuando la leí, me pareció una historia completamente cercana y cotidiana, no porque muestre el triunfo del amor, lo que a decir verdad y con tristeza no me parece tan común, sino porque habla de un ser humano que mucho antes de perder la “autoridad” sobre su hija, había sido derrotado por sus propios desencantos, convirtiéndose en víctima de su desilusión. Un ser unnamed-3como hay muchos otros, disfrazados de padres, de hijos, de hermanos, cuñados, parejas, amigos y demás personas cercanas. Incluso como lo he sido yo en algún momento, cuando el ego ha desatado mis demonios dejándolos caer implacables sobre alguien más.

¿En qué momento la frustración emocional, sexual y hasta espiritual se convierte en un permiso para intervenir la vida de otros, que a su modo, están intentando construir su propia historia y encontrar la felicidad?

Ni la paternidad, ni la religión, ni el dinero, ni la edad, ni la amistad; ni siquiera la certeza de que se está cometiendo un error, nos da en ningún momento el poder o el derecho para gobernar los sentimientos de nadie.

Que triste que sea tan fácil descargar contra otros flechas bañadas de juicio, de crítica, de desprestigio, sin conocer historias completas, sin tener contexto. Que paradójico que por otro lado, sea tan difícil la autorreflexión, la reconstrucción personal y la búsqueda de la sanación interior.

Esa enfermedad tan degenerativa y contagiosa llamada amargura, termina cegando ojos, oídos, corazón y llenando al mundo de caballeros y damas cargados con flechas envenenadas de frustración.

Afortunadamente para mí, la antigua leyenda me regaló la oportunidad de encontrar en cada Jacaranda una oportunidad para reflexionar. Detenerme a admirarunnamed-1la belleza de su color, me ofrece también la ocasión de observar si he dejado marchitarme por dentro y si he permitido que esto afecte a los demás. Me permite revisar si es necesario que retome las ilusiones para abonar el espíritu y la seguridad en mi misma; para ofrecer y exigir respeto; para brindar y luchar por la libertad de elección y de acción; para retoñar y florecer.

Dice Alberto Ruy-Sánchez: “Me invade la sensación de que por cada Jacaranda en el suelo alguien terminó de hacer el amor con una sonrisa…Por cada flor de Jacaranda en la rama hay una promesa, un deseo, un acto de amor a punto de cumplirse. Aunque sea en sueños”

Y es el mismo Ruy-Sanchez quien cuenta la diferencia entre dos vecinas, la que se queja
porque la Jacaranda ensucia su banqueta y la que sonríe con las manos llenas de flores caídas, mientras unnamed-4asegura que una calle sin Jacarandas es como un enamorado sin besos. De nosotros y de nuestra capacidad para  apreciar a la naturaleza y a la vida, depende elegir cuál de las vecinas somos.

Afortunadamente mi ciudad está llena de Jacarandas en flor, recordándonos que existe el amor, mientras alfombran la tierra e iluminan el cielo.

Dejarla Volar

Un día como cualquier otro abres los ojos y te hiela la sorpresa de notar cuanto han crecido.

IMG_6723Ella me había prometido que no lo haría, o por lo menos eso entendí cuando se colgaba de mi cuello como Koala y rosaba su naricita contra la mía haciendo estallar cientos de chispas de amor y complicidad.

Enamorada de su energía decidí que sería mi bebé por siempre, pero parece que simplemente no se enteró.
IMG_6720Hoy desperté y mi chiquita no lo es ya tanto.

Con maleta, pasaporte en mano y toda la emoción del mundo extendió sus hermosas alas y simplemente voló.

Algunos creen que va a Canadá, mi corazón me dice que en realidad se dirige a probar ese lugar llamado futuro, del que sin duda volverá menos niña, más hermosa, más mujer.

˝Tenemos que confiar en la fuerza de su alma para hacerse su propio camino… Es tiempo de soltar la maternidad que tiende a ser demasiado protectora y ansiosa… Cada ser es un alma por derecho propio, queriendo moldear y crear su vida a su modo” dice María Guadalupe Buttera en su Blog “Despertar y Crecer”.

Lo cierto es que no desconfío ni por un minuto de esa fuerza y sé perfectamente bien que diseñará para sí un camino lleno de laureles. Me parece que dentro de mi propia contradicción y deseando con toda el alma que se convierta en la mujer que va a ser, he sido yo misma quien ha contribuido a fortalecer sus alas, a impulsar su vuelo, a mostrarle la vida que con ella como protagonista va a convertirse en la mejor de las aveIMG_6722nturas.

El problema es que aún no he construido para mi el ancla que me permita permanecer en el suelo serena, de pie, mientras empujo su espalda. Hoy me di cuenta de que he dejado pasar los años, olvidando dónde encontrar la fortaleza para quedarme plena en mi vida, mientras miro a mi pequeña volar.

Que sirva pues esta experiencia para que crezcamos las dos.

Y es que un día, que parece como cualquier otro, abres los ojos y te das cuenta de que respirar cuesta trabajo, porque el corazón se ha roto un poco.

Lo bueno, me dicen, es que los días pasan rápido. Lo malo, lo sé bien, es que el tiempo no va a volver.

Te amo mi princesa. Vuela alto y grandioso. Se feliz.

Toda la serenidad del mundo para dejarte ir

(Para ese par que me regalaron la bendición de ser mamá)

En noches serenas como ésta todavía siento con nostalgia el vacío que tu cuerpecito dejó en mi interior. Fácilmente me acostumbré a tu calor, a tu movimiento incansable; a la magia que desde entonces desaparecía cualquier malestar; al compás de tu corazón que armonizaba al mío en la más perfecta interpretación de amor.

Era tan hermoso sentirte dentro que con gusto hubiera podido extender el tiempo. Confieso que me costó trabajo dejarte salir.

En noches serenas como ésta todavía puedo sentir el hueco de tu ausencia en mis brazos, acostumbrados a acunarte. La fragilidad de tu pequeño cuerpo me convertía en el ser más poderoso, me hacías capaz de protegerte de lo que fuera, de conseguir lo que sea por ti. Cabías, embonabas perfectamente en mí, como para quedarnos así por siempre. Me daba tanta fuerza, tanta paz y tranquilidad tenerte en brazos, que con gusto hubiera podido extender el tiempo. Confieso que me costó trabajo dejarte caminar.

En noches serenas como ésta añoro la fuerza de tu manita apretando la mía. Esa suavidad de tus dedos que intentaban alargarse para asirse a los míos y entonces poder dar tus primeros pasos, tus primeros saltos, tus primeras grandes hazañas. Esa manita que me convirtió en un roble, en cimiento, en sostén; que me obligó a aprender a parar y pensar, a observar el panorama y entender que en el camino hay más de una opción y que varias de ellas son la correcta. A inhalar y exhalar para encontrar la paz y la fuerza para detenernos y para seguir. Esa manita que me entregó la energía necesaria para asumirme incansable cuando se trataba de ti, que me transmitió la paciencia divina que jamás imagine tener. Esa manita de la que yo me sostenía también porque tomada de ella “respirar” tuvo sentido y razón, porque “seguir” no sólo no era cuestionable sino emocionante, porque “vivir” tuvo una verdadera definición.

Me ha dado tanta felicidad, tanta satisfacción, tanta seguridad en mi misma; le ha dado tanto sentido a mi vida llevarte de la mano, que con gusto hubiera extendido el tiempo. Confieso que me costo trabajo encontrar la serenidad para soltarte y dejarte crecer.

En noches como ésta, en las que el insomnio y el silencio mezclan recuerdos con deseo y la oscuridad permite sentir con más fuerza el frío y oscuro hueco que la idea del futuro construye en mi estómago, en noches así es cuando empiezo a prever que voy a necesitar serenidad para entender que no me perteneces. Voy a necesitar serenidad para asumir que no voy a poder evitarte el dolor, la desilusión, el desamor, la desesperanza y el miedo que, cual antagonistas en la maravillosa obra que es tu vida, jugarán un papel importante en el proceso de enseñarte a ser feliz.

Voy a necesitar serenidad para verte en completa autonomía escalar tus sueños, conquistar tus retos, construir tu propia historia.

Sostenida en el inmenso amor en el que me hundí al abrazarte por primera vez y sintiéndome profundamente orgullosa de ostentar de por vida el título de “tu madre”, uno de estos días voy a necesitar toda la serenidad del mundo para soltarte, para dejarte ir a vivir…

“Serenidad para que no se corté mi respiración, serenidad para tomarte de la mano y no llorar…Toda la serenidad para dejarte, para no dejarte, Para soltarte, para no soltarte…Toda la serenidad para dejarte ir..”

Eugenia León y Kabah

Haz click para escuchar la canción:    Serenidad, Eugenia León y Kabah