¿Por qué no lo ahorqué?

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Ya en otras ocasiones he mencionado mi empatía con La Llorona y es que cuando se tiene un adolescente que, según sus propias palabras, vive en “save battery mode”; gruñe en lugar de hablar y ha transformado su cuarto en una cueva inhabitable, lo difícil es entender por qué hay tan pocos ríos disponibles en la Ciudad de México, donde uno pueda hacer lo mismo que esa pobre mujer que dicen se lamenta por las noches.

Cualquiera con un toque machista, pensaría que el impulso parricida es propio de la hormona maternal, sin embargo hace algunos días tuve la suerte de conocer a un señor cuyo corazón es tan grande que supo acomodar dentro a seis pequeños, a quienes creados por él o no, llamó hijos y les dio sustento, educación y amor.

Sobre uno en particular, el menor de los hombres, Don Antonio me dijo: -No sé por qué no lo ahorqué. –Y me contó que por distintas circunstancias tomó la decisión de sustituir al Kinder y preparar él mismo a ese chiquillo antes de la Primaria.

Padre e hijo se embarcaron en la Odisea de la enseñanza y el aprendizaje. Uno luchando por poner cinco minutos de atención. Otro intentando olvidar el cansancio de la jornada laboral e invocando a Job para contener los impulsos de asfixiar a ese pequeño, a quién nomás no le salía la caligrafía.

– Una vez, hasta llegue a poner mis manos alrededor de su cuellito. -Dijo en broma y miró con orgullo a ese hijo que ya convertido en hombre, profesional, amante de la palabra adecuada y sobre todo en un ser humano bueno y feliz, estaba sentado frente a él contento de invitarle a comer y de velar por el bienestar de su papá, quien según sus propias palabras “es su mayor y más satisfactoria prioridad”.

Verlos orgullosos uno del otro, me recordó mis juicios adolescentes sobre la desesperación y lo que a mi padecer era “enojo exagerado” de mis padres. Más de una vez llegué a sentirme ahogada por sus exigencias. Como cuando después de usar mis mejores artes chapuceras, por fin logré un “7.5” en matemáticas. Pero más tardé en subirme a la cima de la auto fascinación, que mi mamá en regresarme a la realidad  preguntando sobre el “diez” de mi amiga Carolina.

Hoy logro entender que ningún hijo viene con instructivo. Que al convertirnos en padres no adquirimos una paciencia divina. Hoy entiendo también que sentirse asfixiado y reaccionar ante tanta responsabilidad es normal y humano. Porque finalmente no pasa de ahí y porque la intención de sacar lo mejor en ellos incluye una carga de amor tan intenso, que cualquier explosión visceral se extingue en minutos al ver en sus ojos mil y un razones para sentirnos felices.

Ojalá cada vez que tenga el impulso de ahorcar a los míos, pueda recordar la mirada lluviosa de Don Antonio que hoy se sabe cómplice y amigo de su hijo. También me servirá repetir en mi cabeza las palabras cariñosas de quienes al recordar a mi madre, invariablemente me cuentan con cuanto orgullo les hablaba de mi.

Tal vez esto puede ayudarme a inhalar y exhalar. A contener palabras y reacciones que luego son difíciles de borrar. Seguro me ayudará también a que la guía y la exigencia que es mi “chamba” de mamá, tenga el toque necesario de autoridad, pero también el respeto hacia esos mocositos, que sin duda sabrán apreciarlo.

Y ya en caso de mucha emergencia, pues tengo la suerte de que Xochimilco me queda muy lejos; que a nadie se le puede ahogar hoy en Rio Churubusco o Mixcoac y que por lo menos hasta 10 si aprendí a contar.

4 Comments on “¿Por qué no lo ahorqué?

  1. Que increible que compartas momentos tan especiales y que lo hagas asi, trayendo a mi Emi contigo y con nosotros. Bss Consu dear… Love Martes!!!

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  2. Pues yo no tengo hijos, y por decisión propia decidí no tenerlos, pero si soy hijo y recordé tantas cosas de mi infancia al leerte. Recordé algunas frases de mi madre y los miles de impedimentos de mi padre para que yo no hiciera mi “santa” voluntad durante mi adolescencia … Y recordé (gracias a ti) cuán orgullosos se sienten de mi, e invariablemente volví a llorar, porque seguro ser Padre es difícil, pero ver el resultado de tantos desvelos y dolores de cabeza valen la pena cuando puedes dejar esta tierra sabiendo que formaste a un gran ser humano! Mil gracias!

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