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En el consultorio médico donde esperaba, estaban sentados frente a mí un señor y su niño de no más de seis años.

El pequeño se dolía de un brazo. El padre, que por la corbata y el horario se notaba había escapado de su trabajo, distraía su propia preocupación y a la criatura, alabando su valentía:

—No puedo creer que hayas aguantado tanto campeón —decía el señor. —Eres muy valiente. La próxima vez no esperes a llegar a la casa. Pide que me avisen y voy por ti corriendo.

—No lo soy porque lloré —expresó visiblemente apenado el niño. Tu si eres valiente, no lloraste ni cuando la abuela se fue al cielo.

Al principio el papá no supo qué contestar ¿Cómo hablarle a una criatura sobre la lucha entre el mar de emociones en los que la vida sumerge a cualquier ser humano y la serie de paradigmas tradicionales que mandan a un hombre a contener su sensibilidad?

¿Es valiente el que domina el sufrimiento hasta hacerlo parecer inexistente o quien sin importar la opinión de nadie deshace el nudo que lo sostiene y fluye con el?

Nos es tan tristemente común la sentencia “los niños no lloran” pero ¿Quién y cuándo decidió que así debía ser? ¿El cavernícola era buleado por sus cuates y recibía un garrotazo en la cabeza si lloraba? ¿Al ser expulsados, después del cuestionable incidente con la manzana, Eva alcanzó a decir a su marido “Y no chille”?

Todos en el consultorio esperábamos una respuesta de ese papá que seguía buscando las palabras. Yo pensé inmediatamente en el mío, mi Superman personal, a quien nunca vi llorar. Enterró a su hermana, a su madre, a la mía y con una maestría impresionante, uso la risa y la ironía para construir su propio bunker emocional. Recuerdo que al mes de la partida de su pareja me confesó “Ya la lloré. Una noche a solas, en mi cuarto le pedí perdón y pude llorar”. Luego hizo una broma y volvió a reír.

El padre abrazó a su niño y supe que me hubiera hecho feliz enjugar las lágrimas del mío.

Me hubiera gustado decirle a él y a todos los hombres que quiero, que una lágrima es también un abrazo. Que la posibilidad de consolar a un hombre y secar sus ojos de vez en cuando nos regala confianza, nos hace sentir todavía más protegidas, porque ello genera una conexión especial. Un sollozo compartido ya sea de risa, de emoción o de dolor, se vuelve complicidad fortalecida; un lazo amoroso indestructible.

Ojalá dejemos de decir que los niños no lloran. Ojalá dejemos de decir que si lo hacen. Ojalá simplemente miremos a unos y a otras como seres vivos capaces de sentir, libres de expresar.
Ojalá las lágrimas no las seque más la inseguridad el miedo a la crítica y al rechazo. Ojalá se deje de dar la crítica y el rechazo.

Ojalá los hombres de mi vida no necesiten un par de copas para abrirse, pero de no ser así, ojalá siempre tengamos a la mano una botella o las que sean necesarias para destapar el corazón.

Finalmente ese hombre de traje y de corbata, abrazado de su hijo nos obsequió a todos con palabras que al quebrarse por la emoción sonaron todavía más hermosas:

—Si lloré hijito. Lloré muchísimo a la abuela y la sigo llorando todavía. Lo hago a escondidas porque en realidad no soy tan valiente. Valiente el cocodrilo, que llora enfrente de todos y yo no creo que sean lágrimas de mentiras.

10 Comments on “Lágrimas de cocodrilo

  1. Cada vez que leo tus historias, y la bella manera en que las cuentas, me re-encuentro con un mar de emociones que creía estaban totalmente dormidas o sepultadas. Y hoy no solo no es la excepción, pues has tenido la capacidad de plasmar de forma sencilla pero realmente linda todos los sentimientos buenos que pueda tener.
    Gracias nuevamente por compartirnos este don maravilloso que tienes,

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  2. Wow!!! Este es uno de tus escritos que me hace pensar “valio la pena esperar hasta el martes”. Que leccion para todos! Que Papa! Te imagino llena de ganas de levantarte para darle un abrazo y felicitarlo. Sabes por que? Porque tu eres asi. Porque eres como tu Superman adorado que precisamente cuando se fue, te desvivias entre lagrimas y risas atendiendo a TU gente… la que estábamos contigo. Ame al niño, al papa y a ti, por la sensibilidad y el amor que cada uno demuestra, a su manera. TQ

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  3. Aminta que gusto es llegar a cada Martes para recibir tus escritos, ahora entiendo que hay amistades para toda la vida, te veo y se me vienen a la mente muchos Felices años de mi vida en los que Tu y tu familia fueron parte muy importante de mi vida. Un fuerte abrazo y un beso gigante que Dios te Bendiga a ti y a tu hermosa familia.

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  4. Gracias por tantas lágrimas de tristeza y de felicidad que hemos compartido….. Y por todas las que nos faltan!!!!! Te quiero con todo mi corazón!!!

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  5. AMINTA, Como siempre, provocas alguna emoción diferente cada vez que te leo, En esta ocasión, al llegar a éste párrafo…….“Ya la lloré. Una noche a solas, en mi cuarto le pedí perdón y pude llorar”, se me “enchinó la piel” no menos de 5 veces seguidas……..GRACIAS!!!

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