ZApatos
Cuando era niña, me gustaba colarme en el closet de mi papá. Encontraba un extraño placer al recorrer con mi manita sus camisas perfectamente organizadas por color. Recuerdo que ponía besos en cada bolsillo, pensando que le servirían si tenía un mal día.

Especialmente me detenía en su zapatera. Me impresionaba lo pequeños que se veían mis pies al lado de sus lustrados zapatos. Por alguna razón, verlos me daba la certeza de que mi padre era el hombre más sabio, más fuerte y más importante del mundo.

A veces me los ponía y cerraba los ojos, los usaba como una especie de túnel mágico que me permitía mirarlo en su oficina arreglando el mundo. Otras, los calzaba queriendo absorber lo que admiraba de él y cuando viajaba eran mi medio de contacto con ese ser lleno de cariño hacía mí; que me sabía capaz; que me señalaba el lado sorprendente de la vida; con quien me sentía feliz.

Pasaron los años, mi cuerpo cambió y también la perspectiva que tenía del mundo. En la pubertad me sorprendí con una nueva realidad: mi padre era el más fuerte y el más importante, sin embargo muchas veces no estaba de acuerdo con él. Discutíamos, nos enojábamos. No era tan sabio como pensaba y aunque nunca dejé de adorarlo; aunque siempre me sentí respetada, querida e incluso admirada, la vorágine de la adolescencia provocó que en mucho tiempo no volviera a ponerme en sus zapatos.

El cauce de la vida me llevó a formar mi propia familia. Convertido en abuelo se desbordó en amor hacia mis hijos. Aunque parecía un niño entregado a ese cariño, por primera vez observé sus canas; los surcos que enmarcaban su mirada y su sonrisa ¿Dónde estaba la fuerza de aquel hombre, que todavía riendo se sentaba a mi lado buscando descanso? Noté de golpe que medíamos lo mismo, casi podría usar sus zapatos.

Un día, de manera completamente sorpresiva, sentado frente a su computadora, después de mandar un chiste a sus amigos, mi padre murió.

Me tocó elegir la ropa con la que lo velaríamos. Después de muchos años, entré a su closet. De manera instintiva mi mano recorrió sus camisas perfectamente organizadas por color. Llegué hasta sus zapatos, elegí los más lustrados y casi sin pensarlo los calcé.

Logré cerrar los ojos inundados de tristeza y lo vi, no en su oficina arreglando el mundo. Esta vez sostenía a una bebita, la apretaba ansioso. Contaba cada dedito. Estaba aterrado ¿Cómo cuidar algo tan pequeño? ¿Cómo soportar tanta responsabilidad? ¿Cómo enseñarle lo que estaba bien o mal, si ni siquiera lo sabía él? ¿Qué hacer para madurar de golpe? ¿Cuántas cosas tendría que cambiar, para convertirse en un buen ejemplo?

Miró su carita, se encontró en sus ojos y se enamoró de ella. Fue entonces que decidió respetar y disfrutar la vida, para enseñar con honestidad y sabiduría a través del ejemplo. Encontraría la fuerza necesaria para proteger a esa pequeña, sus creencias y sus sueños. Era su princesa, su orgullo y ese amor que acababa de nacer, lo convertía en el más poderoso, el más importante del mundo.

Me puse en los zapatos de mi padre y pude ver cómo un hombre cualquiera, puede dedicar cada minuto de su vida a potenciar sus virtudes y a transformar el desgano, el egoísmo y cualquier defecto para, por amor a sus hijos, convertirse en Superman.

Te voy a querer siempre, papá.

10 Comments on ““Empatía” o “Los zapatos de mi padre”

  1. Que hermoso homenaje! Con que orgullo, dignidad y cariño ahora te pones en sus zapatos y dejas florecer la semilla de amor que él sembró.
    Nueva lección de vida que nos das, prometo llevarla a la práctica. Gracias, muchas gracias.

    Me gusta

  2. Me has hecho llorar con este post. Llorar un poco porque no tuve un padre así y otro poco porque el padre de mi hija lucha todos los días por ser más fuerte y que la capa voladora de superhéroe no le pese. Mil gracias por compartir, es un privilegio leerte.

    Me gusta

  3. Preciosooooo Aminta. Admiro tu capacidad de encontrar símbolos, cargarlos de sentido y de valor, sacándolos del plano de lo cotidiano para convertirlos en revelaciones que nos ayudan empatizar con la vida. Gracias.

    Me gusta

  4. Te agradesco tanto…
    Me as hecho recordar tantas cosas
    Hace un año q mi padre fue a un lugar mejor y es cierto q hay veces q creo verlo sentado en su escritorio donde se sentaba a platicarme las historias de su vida o simplemente como le fue en su dia
    Te agradesco tanto por revivir en mi todo estos recuerdos q valen oro
    Gracias

    Me gusta

    • Jessy
      Yo te agradezco a ti el honor de tu lectura y sobre todo la confianza de compartir conmigo tu recuerdo. En el corazón de cada una han de estar esos hombres maravillosos y seguro ahí podremos buscarlos y abrazarlos de vez en cuando.
      Te mando un abrazo. Gracias de nuevo.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: