Pastel de zanahoria y queso

 

La memoria es una de esas cosas que funcionan de manera paradójica. A veces solemos recordar a detalle eventos que duelen y que repasamos una y otra vez auto taladrándonos el corazón. Sin embargo, pareciera que con el tiempo se disuelven como suspiros, los fragmentos de hermosos sucesos que han contribuido a darle forma y color a nuestra vida. Incluso llegamos a olvidar el nombre o el rostro de seres muy queridos, aferrándonos a delinear el sentimiento, cuando no podemos recordar sus facciones.

Claro que hay grandes cosas que están muy a la mano en el Disco Duro cerebral donde grabamos lo inolvidable. Son esos pequeños pero increíbles momentos, los que se van extraviando entre mente y alma, con cada sacudida del torbellino llamado “vivir”.

Por ejemplo ¿Quién recuerda el primer regalo de amor que recibió? No me refiero al que entregan los padres casi desde el minuto uno de nuestra existencia, sino a ese “algo” significativo físico o simbólico que nos hizo saber que provocábamos el interés y la atención de alguien más.

Yo lo tenía olvidado o por lo menos eso creí, por suerte descubrí que en los sentidos se impregna información que, cual memoria RAM, es rescatada el día menos pensado, para darle un aliento al corazón.

En mi caso fue una pregunta la que generó la magia: “¿Te gusta el pastel de zanahoria?” Estuve a nada de responder que no y de pronto, como si algo me hiciera “click” en el alma, me regresé cientos de años atrás, cuanto tenía ocho y estudiaba teatro en el CADAC. Una tarde, cuando terminamos la clase y estaba a punto de irme de la mano de mi mamá, un compañerito se acercó a nosotras y con las mejillas más rosas que he visto y sin poder mirarme a los ojos, me entregó un pastel de zanahoria que me había traído de regalo “sólo porque si”.

Mi mamá improviso una mini fiesta pretextando la partida del pastel. Recuerdo sus ojos amenazadores cuando tuve la intención de decir que yo no quería y no olvido mi cara de fuchi frente al plato servido mientras pensaba “¿A quién se le ocurre hacerlo de zanahoria?”

Pero lo que más retumba en mi memoria y me acaricia el corazón es el maravilloso sabor de ese primer bocado que entró a mi boca al tiempo que mis oídos alcanzaban a escuchar a la mamá de aquel niño que le contaba a la mía: “Mi hijo me suplicó que hiciéramos el pastel. Dice que tu niña es la más linda que ha visto”.

Decía Jorge Luis Borges: “Nosotros estamos hechos en buena parte, de nuestra memoria. Esta memoria está hecha en buena parte, de olvido”.

Viéndolo así, me resulta motivador empezar a rescatar aquellos momentos cuyo recuerdo quiero que me forme, en lugar de muchos que he insistido en revivir y que a la mejor es hora de desaparecer.

Empezaré por darle un lugar especial en mi “File” favorito a ese pequeño gran instante que, sin duda, ha palpitado en mi corazón más de una vez cimentando mi estima, a pesar de que el demonio de la inseguridad se esforzó por esconderlo en el olvido.

Dios bendiga a ese pequeño a quién le debo la sensación de uno de los más exquisitos sabores en mí memoria. Dios bendiga también a Maricruz Sapiña y a su maravillosa ” Espátula” que me ayudó a revivir este recuerdo elaborando con queso y coco, el segundo más delicioso pastel de zanahoria que he probado en mi vida.

¿Gustan?

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One Comment on “Pastel de zanahoria o Ese primer regalo de amor

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