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Me voy a atrever a contar una historia que nunca he compartido. Estaba guardada en ese lugar de la memoria en donde los momentos bochornosos se fosilizan. La rescató mi hija que, con sus ocurrencias, se ha convertido en la restauradora de mis mejores momentos.

Tenía siete años cuando de la escuela, nos llevaron a conocer una granja. Recuerdo que mis amigas y yo nos enamoramos de docenas de pollitos que picaban el suelo, piaban y corrían detrás de su mamá.

Vimos incubadoras de huevos y otro lugar donde almacenaban aquellos destinados a la venta. Eso me impactó. No entendí como decidían cuál sería pollito y cuál no, pero me pareció terrible que algunos no tuvieran la oportunidad de convertirse en esos seres tan hermosos. Sin pensarlo mucho, aproveché una distracción para robar uno de los blanquillos desafortunados y salvarlo.

No pude poner atención durante el resto del recorrido. Sólo pensaba en el huevo dentro de la bolsa de mi chamarra, al que protegía y brindaba calor abrazándolo con mi manita.

En casa fabriqué con calcetines una especie de nido y lo puse entre las piernas mientras comí, hice la tarea, miré televisión y cené. Cuando mi mamá me dio las buenas noches, coloqué el “nido” en mi cama, a mi lado; dejé prendida una linterna debajo de las cobijas, para que mi futuro nuevo amigo recibiera calor y cerré los ojos, convencida de que al día siguiente sucedería un milagro.

Esa noche debo haber dormido agotada por la emoción de seguir mi instinto; por la ilusión de lograr algo fantástico y con la profundidad que brinda la paz de sentir que se está haciendo lo correcto.

Lamentablemente, a la mañana siguiente mi ilusión se estrelló contra la triste mezcla viscosa y olorosa de clara, yema, cascaron, sábanas quemadas, pijama embarrada, desilusión y las cientos de lágrimas que coreaban el interminable regaño de mi madre.

Hermann Hesse decía: “Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.”

Nunca volví a intentar empollar un huevo. Enterré juntos la idea y el recuerdo hasta que mi hija lo rescató. Sucedió en el teatro, esperábamos a que iniciara la puesta en escena, cuando con sus ojitos brillando como nunca decretó con toda la convicción de un corazón ilusionado:  “Mami un día voy a estar actuando en una obra así”. Un nudo de orgullo y emoción cerró mi garganta. No pude contestarle, sólo la miré sonreír hacia el telón que se abría mientras empezaba a incubar lo que pido a Dios con toda el alma, sea una espectacular realidad.

Como hace tanto tiempo, no pude poner atención a otra cosa. Sólo pensaba en el ilusión de mi hija. En la forma como ella cree que todo es posible. Sentí su sueño tan materializado, que casi pude tocarlo, abrazarlo, protegerlo con mi mano, empollarlo en el corazón.

A los siete años yo estaba convencida de que con constancia, calor, dedicación y amor sería capaz de liberar la vida. ¿En qué momento perdí esa convicción? ¿Cuándo dejé de empollar mis propios sueños? Y lo que es más importante ¿Qué puedo hacer para retomar la capacidad de creer en lo imposible y así dar a mi hija ejemplo?

Por lo pronto, estoy aquí con estas líneas empollando una ilusión que creí perdida. Falta mucha dedicación, mucho trabajo por hacer. Pero la lectura y la atención que has puesto a estas letras, me ayuda a cobijar un nuevo cascarón que guarda dentro el sentido que algún día quiero darle a mi vida.

6 Comments on “Un día empollé un huevo

  1. Que bueno que has podido retomar la ilusión de “empollar” este proyecto que a los que tenemos la bendición de leerte nos permite ver ese pollito colmado de amor en cada pluma (letra) que desborda pasión por lo que haces.
    Estoy seguro que tu hija ya tiene ese ejemplo tuyo y que pronto nos habrá de bendecir con su actuación en los escenarios.
    Gracias.

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  2. Como siempre Aminta… otra hermosa historia que me llena de inspiración y ternura….. siempre llevándonos a nuestras propias remembranzas. Gracias !!! Abrazo fraterno. : )

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  3. Hola la VERDAD muy pocas veces me pongo a leer, pero contigo me gusta mucho leer lo que escribes ya que me haces participar en tus historias, GRACIAS por tu GRAN trabajo

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    • Hola José Manuel,
      Que honrada me siento de que me leas. De verdad te lo agradezco de corazón. Porfa dime cuando algo no te guste, así voy aprendiendo.
      Te mando un abrazo
      Aminta

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