Entre el descontrol del ingreso a la secundaria y la vorágine hormonal, mi hijo cometió el error de fallar en la entrega de algunas tareas de una materia, generando en su maestra una imagen negativa de si mismo.

Acostumbrado al aplauso académico durante la primaria y bajo la presión materna, enfocó todos sus esfuerzos a aprovechar la realización de un trabajo, para cambiar dicha imagen.

Dedicó varias tardes y algunos fines de semana al proyecto. Pidió y recibió la colaboración de distintas personas que le ofrecieron información y consejo. Hasta entrevistó a su abuela.

La noche anterior a la entrega durmió pocas horas, musicalizando y poniendo efectos especiales para terminar muy satisfecho su video, que es la forma en que la Miss exigió la entrega de dicho trabajo.

A la hora de presentarlo, la tecnología le jugó una de esas bromas de mal gusto: el audio se escuchaba muy bajo.

Primero, la maestra le dio el tiempo de recreo para arreglar el problema, pero al regresar con ella, la encontró con un humor distinto. Equivocadamente señaló faltantes que si estaban, no terminó de ver el video y sin oportunidad de réplica le plantó un “6” alegando entrega tardía.

Esa tarde, mi hijo subió al coche con el corazón lleno de coraje y los ojos inundados de frustración. Fue como si la vida me regalara unos minutos con ese pequeñito que extraño tanto y que solía buscar sanar el golpe de alguna caída, en brazos de mamá.

El problema, es que esta vez no había pomada, ni canción tranquilizadora que pudieran ayudar. Por el contrario, lo ocurrido y el sentimiento de Mijo despertaron a mi monstruo interno, ese que habita en cada madre. Que se forma junto con el bebé y crece y se empodera dándonos la fuerza y la certeza de comernos el mundo con tal de defenderlos.

Es impresionante la capacidad creativa que tiene la rabia. Sobra enumerar la cantidad de adjetivos que , inspirados en la maestra, desfilaron por mi cabeza.

Por supuesto el enojo era generado por lo que desde mi contexto, me parecía una injusticia. Pero lo movía sobre todo el impacto brutal de ver a mi hijo sumergirse en la vida. Y es que finalmente de eso se trata vivir, de llenarse de experiencias buenas y malas para aprender algo de cada una de ellas y así crecer, ya no a lo alto, sino a lo profundo.

Me encendió ver a mi hijo conocer y padecer la frustración. Me irritó sentirla yo también, en forma de impotencia al no poder quitársela de encima; al visualizar de golpe, como si fuera una cachetada, las cientos de veces que he padecido ese sentimiento.

Me sacudió el sentir que tenía que enseñarle cómo manejarla y que yo misma, a pesar de haberme enfrentado a historias similares con jefes, con  amores  e incluso con mis propias debilidades, no he aprendido cómo hacerlo.

Opté  por proponerle tres pasos que  sentí podían ayudar:

  • Víve tu duelo. Como los malos aires: mejor afuera que adentro. La frustración es una pérdida, la del deseo no cumplido. Por ello genera emociones como el enojo y el dolor. Dejarlos salir con libertad, durante un tiempo preciso y oportuno, puede ayudará a limpiar mente y corazón, para que no quede dentro nada negativo, para que pronto puedan funcionar con claridad.
  • Desnúdala paso a paso y suavecito, hasta que puedas verle con detalle y de cerquita cada rincón. A la situación, escudriñando los detalles para ver los errores y aciertos  dentro de la historia. Las cosas que hechas de modo distinto pudieron dar otro final. En resumen, exprimir toda posibilidad de aprendizaje.
  • Quítate la etiqueta de la frente y pégasela en las pompas. La verdad es que lo dije más feo, consiguiendo arrancarle por fin una carcajada, pero sobre todo -ojalá – el deseo de transformar el enojo en un reto personal: tener una relación positiva con esa Maestra.

Escuchó atento. No dijo nada. Clavó la mirada en la ventana, intentando evitar que notara  cómo dejaba salir el sentimiento.

El mío también fluyó suavecito, muy adentro, intentando limpiar los restos de tantas frustraciones vividas. Ahora se que tengo que hacerlo, como  un ejemplo para mi hijo o simplemente para estar a la altura de ese ser maravilloso que me prestó el Universo y que sin duda no tardará  en darle la vuelta a esta historia; en recuperar la seguridad y conseguir el éxito. Lo digo como un decreto, como un deseo profundamente amoroso hacia el que ha sido, desde que nació,  mi más grande maestro.

 

 

3 Comments on “Tres pasos para manejar la frustración (Según una madre que se frustra)

  1. Gracias Aminta… mientras avanzaba en la lectura, me llevaste por el mismo proceso, se fue despertando muy indignado ese monstruo para finalmente terminar riéndose cuando yo también le pegué la etiqueta a la “Miss” donde recomendaste (jajaja). Me encantaron los consejos que diste para darle vuelta a esa historia ,,,y también a ese 6 para convertirlo en mínimo un 9.

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  2. Me fascinan tus textos. Contienen sentido común y sabiduría. Y la forma de expresarte es sencilla , clara y certera. Mueves los sentimientos y los racionalizas.

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    • Wow Leticia mil gracias por tus palabras.
      Me emociona que te gusten. Finalmente se trata de cosas que nos son cercanas a todos, lo padre es que gente como tu me permite compartirlas e intercambiar sensaciones.
      Gracias de verdad.

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