Hace unos días tuve la oportunidad de ser testigo, del infinito poder que tiene un deseo infantil cuando se lanza desde el corazón.

Resulta que un año y medio no ha sido tiempo suficiente para disminuir la nostalgia que habita en el corazón de mi hijita Marifer, desde la partida de su mejor amiga a Canadá. A la mejor recuerdan que, hace meses, en el texto de nombre “Camino”   http://wp.me/s460sQ-camino   intenté describir el doloroso huequito que de vez en cuando inunda sus ojos de niña y le anuda la garganta recordando esa amistad suspendida en la distancia.

Pues en uno de esos días de sentimiento a flor de piel, mi niña se paró frente al árbolito navideño, que este año pusimos con anticipación, y pensando en la magia que desde pequeñita siempre le ha atribuido, expresó: “Me gustaría, como regalo de Navidad, que apareciera Valentina bajo el árbol”.

Con el alma erosionada por mi tan bien aprendido papel de adulto, intenté disuadirla de esperar lo inviable, pero lo maravilloso de la infancia, es que los niños no tienen miedo a soñar, a pedir que las cosas más inverosímiles se hagan realidad y lo hacen con tanta seguridad, con tal convicción, que el Universo se pone espléndido.

Así sucedió el milagro. Empezó en forma de llamada en la que la mamá de Valentina me daba la noticia de que sorpresivamente se les había presentado la oportunidad de hacer escala en México, durante un viaje hacia otro destino.

Lo demás se fue dando poco a poco y en secreto, con la complicidad de quienes quisimos ser partícipes del encuentro de esas dos pequeñas que se quieren tanto.

Así, con las mejillas rosadas de emoción y las manitas y el corazón temblando a mil por hora, la hermosa Valentina entró sigilosa a la casa y se sentó bajo el árbol de navidad para sorprender a su amiga. Al encontrarla, Marifer ahogó en un grito la impresión, la conmoción, el asombro y, superado el estupor, se fundieron en un abrazo de amigas entregando sin palabras lo que un año no basta para decirse; disfrutando ser un par de almas que sin duda le caen bien a la vida.

Emiliano, mi hijo mayor, regaló a su hermana el video que con cariño les comparto en este post y que me permite revivir ese día en el que, para mi familia, se adelantó la Navidad; en el que Dios puso bajo el árbol la prueba de que la amistad existe y trasciende; la certeza de que dos corazones que están hechos para latir juntos, son capaces de reconocerse y acompasarse a pesar del tiempo y la distancia.

Esa misma noche, cuando todos dormían y la casa estaba en silencio, me acerque al árbol e intentando rescatar a la niña mágica que alguna vez fui, me atreví a pedir, con todas mis fuerzas que mi hermano del alma, mi amigo César, apareciera sentado ahí, como un regalo para mí. Quién sabe, a la mejor en una de esas y si me porto bien…

Este es el video:

3 Comments on “Magia en el árbol de navidad

  1. Que emoción tan grande me provoca tanto la historia tan tierna como la no menos tierna forma con que la has relatado. De corazón me uno a tu deseo de Navidad, que así sea.

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  2. Que hermoso! Dios bendiga siempre está amistad y a todas las personas que lo hicieron posible,con un corazón enorme,la verdad conmueve hasta las lágrimas y me hago partícipe de ese gran latir del corazón a mil por hora de tu hijita ,porque yo mismo lo sentí …

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  3. Realmente hermoso Aminta!! Se me salieron las làgrimas!! Que hermoso regalo para tu nena!! Dios te bendiga siempre y a tu hermosa familia.

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