No estoy segura de qué edad tenía cuando vi a los Reyes Magos por primera vez. Seguro no era tan pequeña porque lo recuerdo con mucha claridad, aunque si lo suficiente como para no poder apreciar por completo ese momento tan absolutamente mágico. De hecho, el paso del tiempo me ha ayudado a digerirlo.

Íbamos en el coche de mi padre. Un Renault azul, cuadrado y viejito que en más de una ocasión nos dejó tirados. Era un cinco de enero en la noche, día en el que mis papás acostumbraban llevarnos a ver las luces que decoraban la Alameda Central y, cuando se podían estacionar, a hacer nuestro pedido de viva voz a los tres monarcas mágicos.

Supongo que alguna vez aquello fue emocionante para mí, sin embargo al crecer mi hermano y yo sentíamos más pena que alegría al recorrer los apretujados pasillos de la acera en busca de un Baltazar cuyo betún en la cara estuviera mejor untado y siempre deseando que en el camino mi mamá perdiera esa foto, antes de que cayera en manos de algún primo malora. Pero no decíamos nada, porque después de ahí generalmente comíamos churros con chocolate, que sin duda valían cualquier vergüenza.

Total que como cada año, íbamos encaminados hacia nuestra tradición cuando el carrito de mi papá empezó a sacar humo por el cofre y a poco decidió no caminar más. No tengo claros todos los detalles, sólo puedo contarles que en el rostro de mi mamá se reflejaba un profundo desasosiego y papá transpiraba frustración y ansiedad. Sé que nada tenía que ver con inseguridad y esos temas que ahora nos preocupan. Hoy entiendo que ambos deseaban profundamente darnos la alegría de aquel ritual.

Después de murmurar un rato, mi mamá se quitó los zapatos, nos tomó de la mano y expresó: “Andando, que los Reyes nos esperan y todavía están lejos” y sin darnos tiempo de cerrar la boca, nos arreo hacia lo que nos parecía el infinito, mientras dejábamos a mi papá mirando con la más absoluta ignorancia dentro del cofre de su coche.

No tengo idea cuanta distancia recorrimos de la mano de mi Má descalza, cuando una combi llena de caritas sonrientes se detuvo a nuestro lado. La Señora llamo por su nombre a mi madre y le comunicó que ya estaban auxiliando a mi papá. Abrieron la puerta del auto y tres niños pequeños se hicieron a un lado para dejarnos entrar.

Se que cuesta trabajo creerlo, pero como si nos conociéramos de toda la vida, nos llevaron a la Alameda, nos tomamos la foto con ellos, entregamos nuestras cartas y nos regresaron a donde estaba mi padre.

Sentada en la parte de hasta atrás de esa combi, recuerdo que vi una caja que estaba cubierta por una especie de manta. La caja tenía un hueco en el que no pude evitar asomarme. Me sorprendió que dentro había dos triciclos y la muñeca que justo yo acababa de pedirle a los Reyes.

Ya de regreso en el auto arreglado de papá y saboreando mi churro, pregunté a mis padres quiénes eran esas personas tan buenas que llevaban juguetes y ella respondió con una enorme sonrisa: “¿De verdad no los reconociste? Eran los Reyes Magos”.

Desde entonces siento un cariño especial y una gran admiración por esos seres que cada año, no importa lo que cueste o signifique, hacen hasta lo imposible por cumplir un deseo. Hoy sé que son mucho más de tres; que la gran mayoría no tiene las posibilidades de un Rey; que son capaces de empeñar hasta la salud para crear y conservar una ilusión;  que sí son Magos, porque sólo con la magia poderosa del amor se logra entregar y recibir tanta felicidad en un sólo día.

Mis Reyes Magos personales hoy viven en el Cielo y los extraño con cada parte de mi ser, pero sé que su magia es tan poderosa que cada cinco de enero se dejan sentir, así tan cerquita que hasta puedo percibir el olor a chocolate.

6 Comments on “Cuando conocí a los Reyes Magos

  1. Me haz sacado unas lágrimas es tan bello lo que cuentas. Una historia de cuento, que lindo recuerdo tienes acerca de este mágico día de los Reyes Magos

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  2. Que linda historia..palabras que me hicieron llorar, la pobreza no perdona , si eres niño o no , pero la ilusión de tener Un juguete que te aga feliz, aunque sea ese día o por un instante es lo que cuenta , los padres son el mejor regalo del mundo, que Dios nos pudo haver mandado, pues eso jamás tendrá precio ni lugar pues estemos donde estemos ellos siempre eternamente estarán ahí para nosotros para cuidarnos, aunque sea des del cielo o en una estrella, o simplemente como verdaderos Angeles, porque eso es lo que son nuestros padres unos Angeles que Dios nos dio para cuidarnos ..;)

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  3. Me regalaste un viaje a mi infancia, Gracias Aminta. Te deseo un año colmado de prosperidad, amor, amistad, bienestar y paz.

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  4. Hola…al leer tu artículo me llevó inmediatamente hasta mi niñez y recordé el esfuerzo de mis Reyes magos…ya me tocó a mi serlo también de dos pequeños y no dudé en hacerles vivir esa hermosa ilusión y ver como se despertaban y abrían sus enormes ojos…..mil gracias ❤

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