A lo largo de mi vida, la palabra “crecer” ha tenido diferentes sentidos. Desde el natural  e inconsciente proceso de alargar extremidades, pasando por el miedo a que la dimensión del estómago me impida ver los pies; hasta la ansiedad por conseguir lo que en sueños he ambicionado a nivel social, laboral, económico e incluso también emocional.

Sin embargo, es a través de mis hijos que he disfrutado realmente del tesoro que es el crecimiento. No sólo por el hecho de atestiguar la magia de su desarrollo, sino porque los he visto formar poco a poco y de manera espontánea, una envidiable mancuerna, poderosa y  especialmente productiva en la tarea de crecer.

Jamás olvidare aquella casi madrugada cuando desperté sobresaltada al sentir la presencia de mi hijo al lado de mi cama. Tenía casi 3 años y me miraba intensamente en silencio con las mejillas más encendidas que de costumbre.

-¿Qué pasó Amor? -le dije mientras intentaba despertar completamente -¿Te sientes bien?
-El angelito me reimagegaló una hermanita -respondió muy serio
-¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? -Debo haber preguntado todavía modorra -¿Qué soñaste?
-No soñé mami – respondió casi desesperado y como esperando que yo le entregará ese regalo del que se había hecho acreedor -el angelito me regaló una hermanita  -insistió. Yo no sabía que estaba embarazada, fue hasta unas semanas después, que recibimos la noticia de que Marifer venía en camino.

Nueve meses de espera es mucho tiempo para un niño. Emiliano lo resolvió entre cuentos y libros que compartía con su hermana a través de mi panza y largas charlas imaginarias, en las que yo fingía su voz, mientras que él empezaba a crear un enorme y acogedor espacio para ella en su corazón.image

Con el tiempo fueron formando carácter y definiéndose como diametralmente opuestos. Uno invita a la prudencia, la otra anima la aventura. El ofrece la teoría, ella la lleva a la práctica. Uno es paz y tranquilidad, otra desborda energía. Ambos son complemento del otro.

Yo los miro con envidia. Me hubiera gustado tener con mi hermano una relación así.

Fue al ver a mis hijos interactuando que asimilé el enorme regalo de la vida que es tener un hermano. No sólo aquel con el que te llevas bien.

Lo es, simplemente porque se convierte en la primera relación de un niño o una niña con un igual. Es ese laboratorio seguro donde podemos experimentar la más variada gama de sentimientos: enojo, felicidad, bondad, crueldad, envidia conformidad, empatía, antipatía, compañerismo, lealtad, hostilidad, afecto, resentimiento. La mayoría de las veces bajo la acolchonada protección del inevitable e incomprensible amor fraternal.

imageLos hermanos son esa fuente constante de compañía mutua. Una cátedra abierta de habilidades sociales, de creación y solución de conflictos. Un despacho sin horario para ofrecer crítica brutalmente honesta y con suerte asesoría y consejo.

No se cómo será la relación de mis hijos en la madurez. A la mejor se regalarán la oportunidad de llamarse tíos; a la mejor le darán un nuevo sentido a palabras como “cariño” y “apoyo”. Tal vez sabrán encontrar la forma de seguirse teniendo uno al otro, dignificando para sí mismos la concepción de familia.

Ojalá así sea, lo deseo con todo el corazón. Pero afortunadamente todavía falta crecer, no sólo a ellos, también a mi.

Un viejo proverbio dice “Cuando dos hermanos trabajan juntos, las montañas se convierten en oro”. Hoy, este par me tienen parada intentando mirar la cima de una enorme cordillera que es mi tesoro.image

Estos mini maestros míos me han enseñado que crecer no es más que el resultado de vivir; que hacerlo con intensidad es claramente una decisión personal y que en equipo puede ser todavía más valioso y divertido.

Yo no he sabido ni valorar, ni aprovechar las enormes diferencias entre mi único hermano y yo. Por suerte tengo vida y un gran ejemplo. Quién sabe, a la mejor en una de esas mi bro y yo retomamos la posibilidad de seguir creciendo juntos y logramos crear nuestra propia montaña de oro.

3 Comments on “Como convertir una montaña en oro

  1. Agradece por favor a esos “mini maestros” la gran enseñanza de vida que nos regalan. Y a ti mayor agradecimiento por mostrarla así, con ese estilo tan sencillo y bello que tienes para narrar.

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  2. Tengo dos hijas, que son complemento como dices, lo que a una le falta a la otra le sobra pero siempre con amor , que pelean como todo adolecente o tienen sus diferencias pero al final triunfa el cariño que se tienen.

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  3. Muy cierto Aminta. No lo había pensado nunca pero son los hermanos con quienes desarrollamos nuestras habilidades sociales y experimentamos toda clase de sentimientos. Deseo que ese lazo entre tus hijos permanezca por siempre y crezca cada día más. Gracias por otro texto hermoso que nos abre los ojos para apreciar lo que tenemos y muchas veces damos por sentado.

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