“¿Por qué esta persona puede hacer lo que se le da la gana y nadie le dice nada?” “¿A qué se debe esa especie de favoritismo que permite a uno que otro llevarse la vida holgada, mientras el resto, andamos como calzón de señorita de la calle?” Me he sorprendido últimamente pensándolo y llenándome el hígado de frustración y el buche de piedritas.

He notado también que lo que a mis ojos es inaceptable, negligente, mala leche o un abuso, genera un enojo que se inflama ante la ceguera o el consentimiento de quien, según yo, debería actuar como autoridad.

Lo ridiculo es que la pereza de esta persona, la delegación negligente de responsabilidades, el saludo con sombrero ajeno y hasta lo que no me como, convierten mi enojo en un mar de bilis que de vez en cuando sirve de proteína y vitamina a mi monstruo interior.

El otro día lo alimenté tanto que de pronto no lo pude contener. Escapó de su cueva y como monstruo que es, rompió el buen modo, pisoteó el estilo, se tragó la cordura y me hizo de decir y hacer un montón de cosas que podrían agruparse en la categoría de “Berrinche Épico”.

Honestamente, me avergüenza mi reacción. No sólo por que quienes tuvieron que soportarla eran aquellos a quienes la impunidad afectaba de igual forma y sin embargo estaban dispuestos y entusiasmados a hacer equipo y sacar el compromiso adelante. Me avergüenza también, porque lejos de buscar la forma de resolver esta situación, he somatizado el enojo, convirtiéndolo en un malestar estomacal de duración record.

Pero como siempre, la vida se las ingenia para que no se me vaya una sola de sus lecciones y esta vez, en forma de galleta de la fortuna, me hizo llegar un mensaje que decía así:image

“Todo lo que te molesta de otros seres es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo”, Buda.

Y como no pude negar que se trataba de “mi suerte”, investigué sobre esa máxima y encontré que se sostiene en la creencia de que el exterior es como un espejo de nuestra mente, donde se reflejan diferentes cualidades o aspectos de nuestro propio ser, de forma tal que cuando algo no nos agrada de alguien, puede ser que de alguna manera exista en nuestro interior. En otras palabras, cuando nos sentimos molestos por el actuar de otras personas es probable que estemos proyectando algo que nos cuesta admitir de nosotros mismos.

Los estudiosos de la Ley del Espejo sostienen que observar dice más sobre el observador que sobre lo que se observa y que si nos damos cuenta de esto, entonces a la mejor podemos recuperar el control sobre lo que está sucediendo para poder hacernos cargo y trabajar aquellos aspectos que tanto nos incomodan. Aspectos de los que probablmente no habíamos asumido responsabilidad, que no admitimos como propios y que están jugando en nuestra contra.

De esta forma, las relaciones son instrumentos, pistas de la vida, para conocernos mejor a nosotros mismos, para crecer espiritualmente.

En pocas palabras, nos sentimos naturalmente atraídos hacia aquellas personas que tienen características que queremos potencializar en nosotros y, aunque estarán inevitablemente a nuestro lado, rechazamos a quienes nos reflejan aquellas que deseamos negar.

En resumen, puede ser que tengo más características en común de lo que quisiera, con quien tiene la habilidad de cuadricularme el hígado. La promesa es que si logro reconocerlas y trabajar en ellas, entonces todo lo vivido no será más que una herramienta de evolución y el torbellino de ira no se formará más.

Fácil no va a ser. A pesar de padecer deficiencias crónicas en la autoestima y sin ánimo de parecer soberbia, confieso que me cuesta trabajo relacionar en mí los grados de irresponsabilidad, egoísmo y la inexistente preocupación por el otro, que tanto me irritan. De estar ahí espero de corazón y con humildad reconocerlo y trabajar en ello.

Lo quiero, porque esta experiencia me ha permitido saber lo que provocan estas actitudes en los demás. Simplemente duele.

También, porque deseo de todo corazón tener una perspectiva mejor de las cosas, con más comprensión, con más compasión, con más amor.

Y sobre todo, porque como dice mi amiga Angela Lloreda “Hay reglas de decencia humana que se convierten en el renta a pagar por vivir en un planeta, que compartimos en plan de roommates, con el resto de los seres vivos”. Reglas y valores que si se respetan, hacen la vida más fácil en la escuela, en la oficina e incluso dentro de cada familia.

Finalmente, al solicitar la hermosa responsabilidad de ser madre, me comprometí a defender esas normas de conducta; a promoverlas; a respetarlas y a enseñar con el ejemplo, en pro y a favor de construir y mantener ese mundo feliz con el que sueño.

3 Comments on “La ley del espejo

  1. Que gran regreso a estas publicaciones que tan bellamente escribes, y que en cada una nos compartes grandes lecciones. Tomo nota y también me comprometo a darme cuenta de todo aquello en mi interior que proyecto en el espejo. Gracias por la reflexión pero sobre todo por tu regreso a las letras.

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  2. Me acaba de pasar ayer con una compañera de trabajo que no soporto y tienes razon creo me parezco a ella mas de lo que quisiera admitir, prometo trabajar en ello pra superarme.

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