Hay días en los que respirar cuesta más que otros. Como si de pronto dosificaran el aire puro y en su lugar llegaran bocanadas de frustración y desencanto, que no fluyen más allá del pecho; que se atoran, que anudan la garganta y humedecen los ojos y el corazón.

Hoy tuve uno de esos, en los que paradójicamente me escapo a respirar al baño, que  desde hace  tiempo me ofrece una guarida abastecida de desahogo, intimidad y papel. ¿Qué paso? No lo sé bien. Supongo que la suma de tantos “quisieras” no cumplidos que al acumularse pesan más de lo debido. El saco de necesidades no satisfechas, que en lugar de pulverizarlas y espolvorearlas por el camino, las apilo enteras formando esguinces en mi espalda, malestar en el estómago y que de pronto se desacomodan y amenazan con derrumbarse y derrumbarme.

Estaba ahí, encerrada en uno de los privados del baño de un restaurante, buscando impedir el torrente emocional que amenazaba con inundar a mi familia, junto con todos los comensales, cuando escuche al lado un sollozo más fuerte que el mío. Al principio no supe que hacer. El llanto ajeno distrajo al mío. Soné mi nariz, jale la cadena y me apresuré a lavarme las manos para salir y regalarle a aquella persona una poco de privacidad.

Estaba en ello, cuando la puerta del privado se abrió y salió una mujer de no más de 40 años, con la nariz roja y la mirada todavía húmeda. Quería evitarlo y sin embargo nos miramos y con esa empatía que se produce cuando la vida suelta un silbidito, preguntamos al mismo tiempo “¿Estás bien?” Nos sonreímos bonito, casi podría decir que con cariño y entonces ella me confió:

-Tengo una niña de seis años y unos gemelos que parecen quintillizos. Tengo un trabajo que solía gustarme pero que ahora es tan absorbente que ya no sé si lo disfruto. Tengo 10 años casada y se supone que debería estar celebrando mi aniversario. Pero hay días como hoy, en los que tengo tanto cansancio que me cuesta trabajo encontrar la felicidad y distinguir un mal día de una mala vida.

Me quedé parada y en silencio mientras la miraba maquillar su tristeza.
-¿Tu estás bien? -volvió a preguntar. Entonces supe que si, que estaba mejor; que sus palabras empezaba a aclarar mi propia tormenta.

Me percibí cansada, auto presionada. Me vi perdida en un matorral de expectativas, algunas importantes, otras honestamente caprichosas y desgastantes. Sobre todo, supe que afuera de ese baño no había para mi una mala vida.

Dice el consultor y escrito Robin Sharma que en nuestro vuelo por la vida la actitud es más crítica durante los tiempos difíciles. Es entonces cuando tenemos la tentación de caer en pánico y tomar decisiones con una actitud equivocada. “Cuando nos estrellamos, ese es el resultado de una reacción equivocada, no de la turbulencia. Todo será más fácil si aceptamos que los tiempos difíciles no son eternos y si procuramos tomar las decisiones más importantes antes de la tormenta”. También, nos invita a mantenemos en contacto con lo que el llama “la torre de control”, que no es más que la cercanía con personas afines, positivas y experimentadas que han sabido salir adelante.

Yo por supuesto no llevo a práctica toda esta teoría, pero tengo la suerte de que el destino me tira buena onda y me regala hermosas lecciones en los lugares menos imaginados.

La mujer y yo salimos del baño sin decirnos el nombres. Nos fuimos cada una llenas de oxígeno hacia nuestras vidas. Sentada junto a los míos la vi a lo lejos limpiar caritas, acomodar, atenderte, entretener, cargar, abrazar. Primero me pareció que había decidido “representar” muy bien su papel, pero luego la vi reír honestamente a carcajadas, recordándome una frase de Charles Chaplin que siempre me ha gustado y tenía empolvada:

“La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.”

6 Comments on “Días en los que cuesta trabajo respirar

  1. Maravillosa lección de vida!!! Vivir sin ensayos, con la naturalidad que nos da la vida misma, y sobre todo disfrutarla con el agradecimiento que nos hace conscientes de que estamos vivos y que cada instante es una bendición y un oportunidad para tratar de ser mejores seres humanos.
    Gracias nuevamente por la hermosa reflexión.

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  2. Hermosa reflexión!!! Sobre todo para las mujeres que nos sometemos a las expectativas sociales y a las propias y de repente te sorprendes cumpliendo muchos roles. Sin embargo, te vas olvidando del tuyo…y también te das cuenta que tu esencia se va construyendo con partes de todos esos papeles que a diario representas … Saludos y un abrazo por recordarnos que no estamos locas, sólo cansadas

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  3. Me encanto esta reflexión, nos ubica y nos hace ver que todos tenemos momentos altos y bajos, solo es cuestión de saber sobrellevarlos con optimismo o como a veces digo buscar el lado positivo de las cosas y disfrutar lo bello.

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