“La felicidad, el sueño y los orgasmos son las únicas cosas que, cuanto más las perseguimos, más se nos escapan y que cuando las dejamos estar y nos rendimos, acuden por sí mismas.” Keldhar.

Desde hace más de un año encontrarme con ustedes a través de las letras, me ha dejado la enseñanza de que es la vida, en su cauce, quien hidrata la inspiración y sugiere las ideas. A veces me cuesta trabajo fluir con un tema;  me resisto e intento otros, pero al final acabamos ustedes y yo compartiendo uno de esos caprichos que afortunadamente tiene el Universo.

Esta vez no es la excepción. En los últimos días he conversado con tres de mis personas favoritas sobre el mismo cuestionamiento: ¿Debemos permitirnos romper nuestras propias reglas y paradigmas para dejarnos tentar por esos regalos que a veces ofrece el destino o debemos mantenernos firmes honrando preceptos arraigados y  simplemente hacer lo correcto?

En dos de esas conversaciones, he intentado convencer a mis amigos de hacer lo primero. En la tercera soy yo, quien parada en el “deber ser” recibe mil y un argumentos. Y, por si fuera poco, me topo hoy con la frase de Keldhar que inicia  este texto y que me parece  una invitación a dejar de forcejear contra la corriente, relajar el cuerpo y dejarse llevar, para ser feliz.

El problema es que eso que suena fácil, desencadena  un montón de preguntas: ¿Dejarse llevar por quién? ¿Soltar qué y cómo? Y al hacerlo ¿Dónde dejamos los cientos de miedos?

El psicoterapeuta Pablo Caño dice: “Entre las orillas del placer y del dolor fluye el río de la vida. Sólo cuando la mente se niega a fluir y se estanca en las orillas, se convierte en un problema”. Esto parece resolver la primera pregunta: Hay que dejarse llevar por el corazón dentro de la vida misma. Lo que sin duda implica apagar un poco a la mente y enfrentar un proceso de aceptación de lo que viene y de lo que se va.

Decía el Principito de Saint Exupery “Sólo con el corazón se puede ver bien”, si esto es verdad entonces el corazón, en quién a veces confiamos muy poco, es completamente capaz de elegir un buen camino e incluso mirar las formas más atractivas en las que se despliega la vida y que en muchos casos son invisibles a la razón y a los ojos.

Y si el corazón es capaz de todo eso ¿Por qué hemos sentido en más de una ocasión que se equivoca tanto? ¿En verdad comete errores o es sólo el juicio de una mente celosa, obsesiva, temerosa y cerrada a vivir aquello que destruye normas, tradiciones y no le permiten mantener el control?

Caño dice que la clave es soltar la prisa por alcanzar sueños que ya ni siquiera recordamos cuándo los soñamos, que no estamos seguros de que sean propios, porque nos los enseñaron a tener. “El placer de soltar tiene que ver con dejar que las cosas vengan y se vayan sin forzar; simplemente vivir aquello que sucede, sin prejuicios, sin defensas, “aquí y ahora”. Aceptar aquello que llega desde la libertad, no desde la exigencia o la atadura a lo que tengo que hacer”.

De forma tal que tirar los miedos, relajar el cuerpo y flotar, tiene que ver con algo tan fácil y tan complicado como permitir decirnos lo que verdaderamente queremos; darnos la oportunidad de señalarnos los que necesitamos de verdad, lo que “aquí y ahora” nos hace felices y distinguirlo de lo que hemos creído que “debe ser”.

Dejarse ir como gorda en tobogán cuando la vida nos presenta una gran oportunidad, no es más que un ejercicio de honestidad con nosotros mismos, de transparencia con nuestros sentimientos, deseos y emociones; un hermoso regalo personal.

Preguntaba yo ¿Y si me equivoco? ¿Y si terminó llorando? Y la única respuesta que se me ocurre es otra pregunta: ¿Y si no? Claramente sólo lo sabremos si nos tiramos de ese tobogán. Parece que de eso se trata la vida, de aprender mientras buscamos la felicidad.

Jorge Oyhanarte, en su meditación Déjate fluir expresa: “Si te das permiso de fluir sabrás en lo más íntimo de tu alma que en realidad no hay nada que perder; nada que ganar;  nada que temer, ni siquiera a la muerte, porque es sólo otra forma de volver al Hogar. Yo soy el río de la vida y mi fuerza consiste en rodear, ceder, envolver y fluir. La tuya radica en la luz de tu conciencia. Actúa desde tu centro y entonces en tu senda no habrá victorias ni derrotas, sólo habrá vida por vivir…”

One Comment on “Como gorda en tobogán

  1. Que gran reflexión, hermosa y así mismo muy compleja pero también muy cierta. Es para degustarla por un largo tiempo (quizá la vida entera) para tratar de llegar a alguna conclusión.
    Mientras tanto, me permito compartir algo que aprendí hace ya algún tiempo y que trato de llevar a cabo: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”
    ―Agustín de Hipona

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: