William Bolitho, periodista inglés que perdió una de sus piernas en un accidente de ferrocarril, solía decir: “Lo más importante de la vida no es capitalizar las ventajas. Cualquier tonto puede hacer esto. Lo que realmente importa es beneficiarse con las pérdidas”.

La vida me ha bendecido con la oportunidad de conocer a un montón de personas capaces de rentabilizar y aprovechar los momentos o las condiciones difíciles.

Una muy especial fue Paco, mi primer mejor amigo. Era un alumno de mi mamá, quien en las tardes daba clases particulares en casa a niños que requerían de educación especial. Debo haber tenido alrededor de 5 años y muy poca conciencia de similitudes y diferencias. Recuerdo que Paco era muy alto y fuerte, mis amigos del kínder sin duda lo habrían confundido con “un señor”, pero yo sabía que era un divertido niño con risa contagiosa que soñaba con ser doctor. La pasábamos tan bien juntos, que nuestras madres nos regalaban algunos minutos de juego cada tarde que él venía.

Un día de esos, había llorado mucho porque en el Kinder nuevo no lograba hacer amigos y algunos compañeritos se burlaban de mi por algún detalle físico. Ese día Paco llegó llevándome como regalo un cuento con páginas para colorear.

Como yo no sabía leer le pedí que él lo hiciera y muy serio y concentrado leyó la historia de una princesa que por error había nacido en otro reino que no era el de ella. Una niña tan diferente a los demás que al principio nadie se le acercaba, pero la princesita no le daba importancia a los comentarios, sólo sonreia y tratataba de ayudar. Así, esperó con mucha paciencia hasta tener la oportunidad de hacer un gran favor a alguien de aquel reino, eso permitió que supieran que por dentro no sólo se parecía a todos, sino que tenía el corazón más grande y hermoso que jamas hubieran visto.

Me gustó tanto que en la noche le pedí a mi mamá que me leyera el cuento otra vez y para mi sorpresa ella narró una historia completamente diferente. Por supuesto protesté y le pedí que no la cambiara, entonces me explicó que Paco tenía una cosa llamada Síndrome de Down y que como yo, todavía no sabía leer. Entendí muy poco sobre su condición, pero supe que mi amigo ya era doctor y que con su creatividad y enorme corazón, había sanado el mío y seguramente seguiría haciéndolo con todos aquellos que tuvieran la fortuna de conocerle.

Muchos años después, cuando iniciamos una campaña social en la empresa para la que trabajo. Recibí el regalo de conocer a Luis y a Jorge, un par de chamacos que materializaron en su relación las palabras de Bolitho. El primero tenía una discapacidad intelectual, el segundo parálisis cerebral. Ambos eran amantes del futbol y amigos inseparables que al coincidir en la vida supieron hacer equipo para poder explimirle todo el jugo. Jorge ayudaba a Luis con sus tareas y hacía gala de una paciencia infinita hasta hacerle entender por completo cualquier problema matemático. Luis empujaba la silla de Jorge a todos lados y en los partidos de fútbol, lo cargaba hasta la portería, misma que defendia con el alma. Mientras tanto, a quienes los observábamos, se nos llenaba el alma con el ejemplo de esa amistad inquebrantable, llena de aliento, de motivación.

Dice Emilio Ruiz Rodriguez: “Las personas con discapacidad nos enseñan a sorprendernos ante el milagro de lo cotidiano. Nos enseñan constancia en un mundo que premia la superficialidad, la tarea rápida y poco cuidadosa. Nos enseñan amor desinteresado en un mundo de intereses. Nos enseñan a vivir el ahora en un mundo preso del ayer y del mañana. Nos enseñan amor por la vida en un mundo violento y agresivo. Nos enseñan a valorar los pequeños logros en un mundo en el que solamente unos pocos, los mejores, los número uno, son valorados y admirados. Nos enseñan a agradecer, en un mundo permanentemente insatisfecho”.

“Cónoceme, tengo Síndrome de Down y no soy tan distinto a ti” dice un Manifiesto. Yo no dejo de pensar que ojalá así fuera y nos parecieramos más; ojalá pueda aprender a disfrutar de las cosas simples de la vida y a valorarla por el simple hecho de tenerla. Ojalá algun día aprenda a sacar lo bueno de lo malo y la ventaja de la desventaja. Ojalá me vaya de este mundo habiendo hecho un favor tan grande y desinteresado como el que Paco me regalo, habiendo sabido amar con inocencia, sin expectativas ni prejucios, ni ambición.

5 Comments on “No soy tan distinto a ti

  1. Justamente cuando más lo necesitaba llegas con este bello mensaje y recibo la bendición para sacar ventaja de la desventaja. Mejor no podía haber sido, gracias y que sigas prodigando bendiciones de esta forma tan bella para que se te multipliquen en tu vida, como seguramente ya sucede,

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  2. Me conmovio hasta las lagrimas, ojala todos pensaramos asi y tuvieramos mas respeto y amor por las personas con discapacidad.

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  3. Si todas las personas nos viéramos nuestras discapacidades sorianos y pensarían en otra manera. Sólo vemos y juzgamos los discapacidades física pero no las de los valores y sentimientos, la discriminación y el racismo y estas son las peores que existen.

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