La amargura es una enfermedad tan invasiva que termina por romper lazos y fundir alegrías. Pero ¿Qué tiene que ver esto con una Jacaranda?

Hoy que mi ciudad se tiñe de morado y justo en un momento en el que me he sentido lastimada por el juicio de alguien más, me topé con una vieja historia argentina que les quiero compartir:

Cuenta una leyenda que en tiempos muy antiguos llegó un poderoso caballero español a tierras americanas junto con su hija, quien a sus 16 años poseía la atención de hombres y mujeres, que admiraban sus hermosos ojos color azul violeta. Un indígena de nombre Mbareté quedó de inmediato prendado de la joven. Suplicó al párroco de la Iglesia que le enseñara español para poder declararle su amor. Ella, se enamoró perdidamente de tal entereza, de su fortaleza y su atractiva piel marrón como la madera.

Llenos de pasión y sabiendo que el padre de la joven jamás permitiría esa unión, huyeron hacia una cabaña a la orilla de un río.jacaranda-01 

Ofendido, deshonrando, herido en el orgullo, pero sobre todo frustrado hasta los huesos por el más profundo y antiguo desamor, el padre de la joven buscó hasta encontrar aquel refugio. Dos flechas le bastaron para terminar desde lejos con la vida de ambos amantes.

Cuenta la leyenda que sin acercarse, simplemente los dejó yaciendo uno junto al otro, pero que abrumado por el remordimiento volvió al día siguiente a recoger el cuerpo de su hija encontrando en su lugar a Mbareté convertido en un imponente árbol cuyo tronco fuerte y marrón sostenía los inconfundibles ojos azul violeta de su hija, que sin importarle raza, economía, opinión alguna, florecían en plenitud, pintando cielo y tierra de amor.

Cuando la leí, me pareció una historia completamente cercana y cotidiana, no porque muestre el triunfo del amor, lo que a decir verdad y con tristeza no me parece tan común, sino porque habla de un ser humano que mucho antes de perder la “autoridad” sobre su hija, había sido derrotado por sus propios desencantos, convirtiéndose en víctima de su desilusión. Un ser unnamed-3como hay muchos otros, disfrazados de padres, de hijos, de hermanos, cuñados, parejas, amigos y demás personas cercanas. Incluso como lo he sido yo en algún momento, cuando el ego ha desatado mis demonios dejándolos caer implacables sobre alguien más.

¿En qué momento la frustración emocional, sexual y hasta espiritual se convierte en un permiso para intervenir la vida de otros, que a su modo, están intentando construir su propia historia y encontrar la felicidad?

Ni la paternidad, ni la religión, ni el dinero, ni la edad, ni la amistad; ni siquiera la certeza de que se está cometiendo un error, nos da en ningún momento el poder o el derecho para gobernar los sentimientos de nadie.

Que triste que sea tan fácil descargar contra otros flechas bañadas de juicio, de crítica, de desprestigio, sin conocer historias completas, sin tener contexto. Que paradójico que por otro lado, sea tan difícil la autorreflexión, la reconstrucción personal y la búsqueda de la sanación interior.

Esa enfermedad tan degenerativa y contagiosa llamada amargura, termina cegando ojos, oídos, corazón y llenando al mundo de caballeros y damas cargados con flechas envenenadas de frustración.

Afortunadamente para mí, la antigua leyenda me regaló la oportunidad de encontrar en cada Jacaranda una oportunidad para reflexionar. Detenerme a admirarunnamed-1la belleza de su color, me ofrece también la ocasión de observar si he dejado marchitarme por dentro y si he permitido que esto afecte a los demás. Me permite revisar si es necesario que retome las ilusiones para abonar el espíritu y la seguridad en mi misma; para ofrecer y exigir respeto; para brindar y luchar por la libertad de elección y de acción; para retoñar y florecer.

Dice Alberto Ruy-Sánchez: “Me invade la sensación de que por cada Jacaranda en el suelo alguien terminó de hacer el amor con una sonrisa…Por cada flor de Jacaranda en la rama hay una promesa, un deseo, un acto de amor a punto de cumplirse. Aunque sea en sueños”

Y es el mismo Ruy-Sanchez quien cuenta la diferencia entre dos vecinas, la que se queja
porque la Jacaranda ensucia su banqueta y la que sonríe con las manos llenas de flores caídas, mientras unnamed-4asegura que una calle sin Jacarandas es como un enamorado sin besos. De nosotros y de nuestra capacidad para  apreciar a la naturaleza y a la vida, depende elegir cuál de las vecinas somos.

Afortunadamente mi ciudad está llena de Jacarandas en flor, recordándonos que existe el amor, mientras alfombran la tierra e iluminan el cielo.

15 Comments on “La trágica historia de una Jacaranda

  1. Gracias por compartirnos tu manera de reflexionar con esta hermosa historia..cuanta razon tienes ..tenemos
    lamentablemente personas q son de tu propia familia que te hacen daño…esta en nosotros no amargarnos …ver las cosas hermosas de la vida!!!como las jacarandas

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  2. Adoro este bello árbol y ahora que se su historia de amor y desamor me doy cuenta que es una muestra total de amor representando en la naturaleza… ¡Gracias por compartir!

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  3. Hermoso texto, linda y acertada reflexión. Extrañabamos tanto estos respiras. Gracias por volver a escribir

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  4. Lindo texto , muy acertada reflexión. Ya extrañabamos esos respiros. Gracias por volver

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