A la edad de 4 años estaba convencida de que mi abuela guardaba un tesoro en su armario. Muchas veces la vi sigilosa, parada en un banco de puntitas, ocultándolo en el cajón más alto. Tenía que ser algo verdaderamente maravilloso para que pusiera tanto empeño en que nadie lo tocara. Algo tan impresionante que por nada del mundo me podía perder.

Un día aarmarioque estaba en la cocina, aproveché su distracción y utilizando las gavetas inferiores, escalé aquel mueble.

Por fin en lo más alto, pudiendo tocar el techo y orgullosa de mi cima conquistada, abrí el cajón y dejé que mi mano lo explorara. Entre hilos y botones había una cajita de metal medio oxidado, que algún día contuvo galletas. Recuerdo que logré destaparla, mientras el latir de mi corazón no me dejaba escuchar si alguien se acercaba.

La curiosidad creció cuando encontré dentro de la caja un intenso aroma a flores, como si hubieran encerrado ahí un jardín invisible y muchos frasquitos conteniendo líquidos
misteriosos ¿Para qué los querría mi abuelita? ¿Para que los usaba? ¿Por qué eran tan importantes que tenía que guardarlos en secreto? Deseosa de abrir alguno solté sin darme cuenta la mano que me detenía en lo alto y caí frasco_fosforecente1rompiéndome por primera vez la dignidad y la frente.

No sé si el golpe o la vergüenza borraron los detalles del regaño y de lo que ocurrió después; lo que no olvido es que mi llanto y mi respiración se detuvieron por completo en el instante mismo en el que entró un gigante al cuarto donde me curaban. No podía creerlo, mi abuela lo saludaba como si nada y dejaba que se acercara a mi con sus manos enormes y una sonrisa tan IMG_7203-2amable que poco a poco me hizo perderle el miedo.

Para aumentar mi sorpresa, aquel ser enorme sacó de una maleta tan pequeña que se veía ridícula en su mano gigantesca, unos frascos iguales a los que guardaba mi abuela. Con ellos hizo un menjurje que colocó en mi frente, desapareciendo mágicamente el dolor y permitiéndole hacer no se qué en mi herida.

El gigante se despidió de mi con un beso. Supe entonces con una enorme emoción que mi abuela era una hechicera y para no preocupar a mi mamá, decidí guardarle el secreto.

La Dra Susana Martínez Conde, investigadora de la Universidad de Arizona, plantea en su libro Los engaños de la mente una teoría interesante sobre las percepciones. Señalan que los sentidos (tacto, vista, gusto, oído, olfato) son un puente entre el mundo que nos rodea y nosotros. Dice que lo que vemos, olemos, sentimos, oímos, etc., viaja en el cerebro hasta un lugar formado por el tálamo, y la corteza cerebral donde están guardados memorias y experiencias anteriores; ahí se mezcla todo, como si fuera un estudio de cine y se crea una historia única y subjetiva. Una imagen personal, una interpretación del mundo.

A veces ese espacio cerebral a donde llegan los sentidos está tan cargado de nuestras propias experiencias, que lo percibido se aleja de más de la realidad.

Entre los adultos es fácil encontrar ejemplos. A veces, situaciones nada agradables donde una palabra, una mirada, una actitud de otro es mezclada en nuestro “estudio de cine cerebral” junto con algunas memorias, experiencias o contextos negativos y el resultado es una mala interpretación que ocasiona algún conflicto.

Lo malo es que esas percepciones se guardan y se suman a otras creando una cadena de malas interpretaciones que no hacen más que complicarnos la vida e incluso crearnos dolor.

Supongo que en el mundo de los niños, que tienen una memoria cerebral nuevecita, la mezcla de sentidos se alimenta más de ilusión y de fantasía. Eso debe haber pasado aquel día que me curó con árnica, mejorana, lavanda o algún otro ungüento, el doctor de la botica donde trabajó mi abuela y que por cierto era altísimo.

La Dra Martínez Conde dice que a veces hay que detenerse a observar un poco más lo que en realidad tenemos u ocurre frente a nosotros y replantear la percepción buscando la 3377e2d878cd534b6993457c6d9be848objetividad.

A mi me gustaría además aprender a ver,  percibir y a interpretar las cosas como lo hacía cuando era niña. Si pudiera ver cada situación desde mis ojos infantiles probablemente la vida sería más emocionante, más divertida, más digna de vivirse.

Cuando era pequeña el mundo estaba lleno de cosas asombrosas ¿Será que ha cambiado o lo he hecho yo?¿Hace cuánto tiempo no me asombro y descubro algo maravilloso?

Volver a ello implicará intentar dejar atrás prejuicios, ideas preconcebidas o por lo menos detectar que están ahí, cuando nos estamos formando una opinión.

Supongo requiere recordar que aburrirse es aburrido; desempolvar la imaginación para resetear nuestro banco de memoria e intentar ver cada cosa como si fuera la primera vez.

Nada fácil, pero tampoco nada nuevo. Finalmente alguna vez así vi las cosas, tengo una cicatriz en la frente que lo prueba.

Nunca voy a olvidar que conocí a un gigante, porque ese mismo día supe que mi abuelita Josefina era una hechicera, cuya magia le ha permitido seguir aquí a mi lado; cuidándome y haciéndome sentir, cuando más lo necesito y de maneras distintas, su inconmensurable amor.

16 Comments on “Un día conocí a un gigante

  1. Lo ame! Hiciste que recordara el tesoro de mi tía Nona (Josefina) que mi hermano y yo hacíamos hasta lo imposible por ver. Hoy por hoy todas esas vivencias que has tenido te sitúan delante de nosotros con historias llenas de amor para compartir. Me encanto! TQ

    Le gusta a 1 persona

    • Consu !! Gracias por compartir conmigo tú recuerdo . Ne emociona tanto ver una notificación de comentario y saber que eres tú, que estás acá cada post, conmigo.
      Te mando un besototote compañera de tesoros

      Me gusta

  2. Qué hermoso recordar a nuestras hermosas “brujas”, “hechiceras”, “curanderas” y grandes cocineras, con sus cajas de galletas de lámina llenas algunas de botones e hilos, otras de medicinas, retacitos de tela y sus “grandes ahorros”. Gracias Aminta, Todo cabía en una caja de galletas Mac Ma, poco se tiraba, todo se aprovechaba. Gracias Aminta.

    Le gusta a 1 persona

    • Patty la vida esta llena de gente mágica. Tu por ejemplo, que con unas cuantas letras logras mover mi corazón. Gracias de nuevo por enriquecer estos días de publicación.

      Me gusta

  3. Gracias, por las làgrimas que este texto arrancò de mis ojos; al recordar a mi abuelo Cuco (Refugio), que aunque era un hombre muy alto, para mi siempre fue un niño y compañero de juegos. Gracias Aminta por tus textos.

    Le gusta a 1 persona

  4. Mi madre también tenia su tesoro que no compartía con nadie, nos lo dejaba tocar y hasta nos lo poníamos mi hermana menor y yo y éramos
    felices nos sentíamos princesas. Como te extraño Ma!!!

    Le gusta a 1 persona

  5. Aminta..gracias por llevarnos a estos hermosos recuerdos de cuando eramos niños!!. En esta edad adulta perdemos esa magia de asombrarnos con las cosas bellas de la vida…
    Yo me siento muy afortunada !!mi abuelita tiene 91 años y me acaba de regalar una servilleta bordada con sus lindas manos!!

    Le gusta a 1 persona

    • Alma, gracias a ti que lo lees y que decides viajar conmigo a esos momentos. Tienes razón, cuando somos adultos perdemos lo importante con una facilidad espantosa y nos cuesta cañón deshacernos de lo que sobra. Que paradoja.
      Abraza de mi parte a tu abuelita si? Cuántos tesoros has de tener gracias a ella!

      Me gusta

  6. Me encanto, es verdad, al crecer vamos perdiendo esa capacidad de asombro, gracias por recordar melo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: