Aminta Ocampo

Sobre la vida

Le sorprendió lo hermosa que se veía la vida desde lejos y se emocionó con la idea de recorrer cada una de sus avenidas.

Le sorprendió lo hermosa que se veía la vida desde lejos y se emocionó con la idea de recorrer cada una de sus avenidas.

La leyó mil veces, esperando que lágrimas y letras formarán un mapa hacia su padre, ahora que sabía que estaba vivo.

La leyó mil veces, esperando que lágrimas y letras formarán un mapa hacia su padre, ahora que sabía que estaba vivo.

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La razón argumentaba bondades de la estabilidad convencional, el corazón latía con fuerza ante la posibilidad de una aventura ¿Hacia dónde caminar?

La razón argumentaba bondades de la estabilidad convencional, el corazón latía con fuerza ante la posibilidad de una aventura ¿Hacia dónde caminar?

XBOX “Life”

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“En mis tiempos …..” Solía narrar mi abuelita, antecediendo una conversación que nunca escuché por completo. No sólo por el toque de desaprobación a mi mundo, del que normalmente venía acompañada, sino porque me resultaba imposible concentrarme en su tema, mientras intentaba auto convencerme de que esa viejecita capaz de tejer, escuchar la radio, mantener en la boca su movediza dentadura y hablar -todo al mismo tiempo- había sido niña alguna vez.

Pensaba en esa época, la comparaba con la mía y con una brutal pero silenciosa, y jamás confesada, diferencia de opinión, la miraba sintiendo por ella un poco de pena. Como diría Mafalda “si no tenías tele ¿Para qué eras niña?”

De los tiempos de mi mamá ni hablamos. O a la mejor lo hizo ella, pero quién puede compartir la nostalgia por el nado en el río, los columpios naturales, los manglares jugosos y otras maravillas del Caribe, cuando se tiene una Lagrimitas Lili, un Atarí, una Avalancha, el Hornito Mágico “con foco de verdad” Mi Alegría, el parque con columpios y resbaladilla de aluminio de la que con un poco de suerte salías ileso, si lograbas evitar el clavo oxidado, la quemada al bajar y la líquida, amarilla y olorosa emoción del niño que se subió antes que tú.

¿Quién podría pensar en una niñez mejor? Cuando se podía llorar a moco tendido con Sandy Bell, masticar chicles Motitas o Bombero, mientras esperas ser testigo del momento en que la Princesa Amanecer encuentra la cueva de las Oquídeas Susurrantes. Ir a Gran Bazar a escoger una de las más de 4 opciones de cereal. Cenar alguna vez en “Los Comerciales”; soñar con hacer un casting para salir en alguno de los 500 capítulos de Mundo de Juguete; ponerte tus tenis Panam y, por supuesto, ver a Chabelo los domingos.

Tesoros de mi niñez que creí enterrados y que un día, sin esperarlo, me encontré en esa “cueva” que tiene por habitación mi hijo. No tuve que hacer magia, me bastó verlo sentado frente al televisor con su control de Xbox en la mano, para visualizar en un segundo, los grandiosos momentos de mi infancia y saborearlos mientras comencé a decir:
– “Cómo puedes estar tanto tiempo pasmado como ostión con esa cosa… Yo a tu edad a estas horas de la tarde estaba jugando en la calle con mis vecinos”.

Y antes de que yo siguiera, con la amabilidad mínima aceptable que exige el protocolo maternal, mi puberto me respondió:

– “Má, ya vez que no conocemos a los vecinos, pero he visto a sus hijos y no tienen más de 5 o 6 años. Estoy jugando con mis amigos de la escuela. Ahorita nada más estamos 7 conectados al mismo tiempo, uno de ellos es el que se fue a Canadá hace 2 años pero gracias a Xbox, seguimos en contacto. Hoy el juego está buenísimo, porque estamos discutiendo para definir cuál sería, en el Siglo XVIII, la mejor estrategia de movimientos de barcos y tropas piratas para ganar la batalla.” y motivado por mi boca abierta, continuó:

-“Ahora que si me das chance de que salga solo a andar en bici en la avenida, yo feliz. Al fin que ya no me tienes que llevar a casa de mis cuates para hacer la tarea, porque nos pusimos de acuerdo por chat y ya nos compartimos los avances vía wetransfer”.

Y con uno de esos pestañeos que me hacen pasar por alto la ironía terminó diciendo:

-“¿Quieres que te busque algo de info en Google sobre los ostiones? A la mejor hay algún video en Youtube. Es que siento que tienes una idea equivocada sobre ellos”.

¡Cuánta empatía con La Llorona surgió en ese momento! pero me distrajo una repentina reflexión sobre el valor de los contextos: Me quejo de que mis hijos “no disfruten su niñez” como lo hacía yo, pero paradójicamente nosotros los adultos hemos cambiado el mundo de forma tal que ello es prácticamente imposible.

Lo grandioso es que, a pesar de los problemas de inseguridad, corrupción, contaminación, urbanización y estrés de la “vida moderna”, nuestros hijos (igual que lo hicimos mi abuela, mi madre y yo) han encontrado las maravillas de “Sus tiempos” y (a pesar de nosotros) las van a exprimir al máximo, porque DISFRUTAR y DIVERTIRSE es sintomático de la niñez y requiere solo de la creatividad, el ingenio y la perseverancia de la que fue dotado – en cualquier época- todo chamaco.

Habrá quien señale la necesidad de un equilibrio y que las horas en exceso más la violencia de algunos juegos son preocupantes. Habrá quien glorifique el deporte y las acciones al aire libre. Yo pienso que esas definiciones/precisiones finalmente forman parte del “to do list” de cada padre y de la estrategia educativa que cada quien elija.

Yo me limito a aceptar, con un poco de nostalgia, que me hubiera encantado “en mis tiempos” tener la suerte de jugar con los amigos de la escuela todas las tardes. Y mantener la diversión con aquellos que en su momento se fueron  lejos.

¿Cómo tomaría mi hijo que me interesara más en esas estrategias que discute con sus amigos? ¿Cómo nos vendría a los dos el que yo entendiera alguno de sus juegos? A la mejor un día me animo a dejar la crítica a un lado y pido permiso al “Capitán Kenway” para viajar al Caribe y ser uno de sus piratas en Assasin´s Creed III… A la mejor…

Y hablando de encontrar la forma de divertirse en grande ¿Sabían que los ostines son hermafroditas funcionales? Es decir que un mismo animal es macho y hembra a la vez. Cuando desovan lo hacen primero en un sexo y luego en el otro. Mal no la pasan ¿No? Los dejo, voy a seguir leyendo.

“La Odisea”

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Así se llamó la obra en la que participó mi hija el día de hoy en su escuela, representando a Atenea. Y así lo viví yo: como un viaje fantástico a través del tiempo.

Para explicarme mejor apelaré a la memoria de quienes me conocen desde niña y saben que hacer teatro era mi pasión. Ahora, lo más cercano a ello son dramas y tangos que me salen más continuamente de lo que yo quisiera. Lo cierto es que a los 9 años, la edad de mi pequeña, de la única cosa que estaba segura en la vida (y creo que es la única vez que he estado segura de algo) es de que iba a ser actriz. Sin embargo, el tiempo pasó trayendo consigo miedos y cobardías con las que decidí arroparme. Me tape tanto que la idea de estudiar comunicación “para hacer algo productivo y seguro, lo mas parecido posible a la actuación” derivó en una y mil cosas que me han llenado de satisfacción pero nunca de la alegría que me provocaron las luces y los vestuarios.

Ello se transformó en una especie de frustración escondida, suave pero crónica. Como quien aprende a vivir con una torcedura que no molesta tanto, que sabe que está ahí, que duele cuando el clima cambia, pero con la que se puede vivir.

Y así, con mis cargas cotidianas, un café y mi iPhone listo para la foto, me senté a disfrutar del “Play” riendo y aplaudiendo como todas las mamás. De pronto Marifer apareció en el escenario. Ahí estaba mi mocosa, con su hermoso traje de Diosa griega, con su voz a todo volumen, esa que sólo sale frente al público, y se esconde en un hilito de timidez hasta que viene una nueva oportunidad de proyectarse y vibrar. Ahí estaba con una sonrisa y un brillo en la mirada que me sacudieron en un instante. Era ella o era yo la que sonreía? Era su piel chinita de emoción o era la mía?

A través de sus ojos miré al público y me sentí en el Olimpo, oli el barniz de las tablas y percibí el sabor de la adrenalina recorriéndome el cuerpo.

Y lloré. Lloré quedito. Esta vez no de emoción al admirarla en escena, sino de agradecimiento. Porque a través de su mirada pude hacer, en un instante, todo un paseo por el tiempo y no sólo para disfrutar el gran regalo de vivir esas sensaciones una vez más.

Me vi de niña y me sentí orgullosa de todo lo que en su momento fui capaz de sentir y de hacer y lo mucho que cada experiencia me ayudo para hacerlo bien, de vez en cuando, más adelante.

En unos cuantos segundos todavía no se bien por qué, empecé a reconciliarme, en cierta forma, conmigo misma y a entender, por fin, que las decisiones que tomé en el pasado me han traído grandes satisfacciones, una de ellas esa pequeña actriz que en pedacito de parlamento dejaba el alma.

Hoy muero por verla representar cada escena de su vida. Sé que disfrutaré de dramas, comedia y tragedia incluso. Y muero por aplaudir sus errores y por verla improvisar para aprender y salir victoriosa de ellos.

Entendí que era ella y no yo la que llenaba ese escenario, pero supe que siempre querré estar en primera fila disfrutando su historia y motivando, con aplausos de pie, la búsqueda de su felicidad.